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Gracias por tu visita, los fics que se publican aquí son salidos de mi imaginación, con los personajes prestados de la gran Meyer… te agradecería que me avisaras si ves algún fic mío publicado por la web, eso se llama plagio y hay que combatirlo. Gracias!

Te toma muchos minutos leer un capitulo? Entonces puedes tomarte un minuto para comentar, no pido nada más. Escribe que algo dejas y lee que algo llevas.


Capitulo 21 de En el nombre del padre, Tus brazos, mi hogar






Tus brazos, mi hogar

Un sonido comenzó a filtrarse en mis oídos, un sonido chillón que cada vez iba aumentando de intensidad, gemí volteando mi cabeza y mi nariz comenzó a cosquillear, aspiré el aroma de jabón corporal con una nota picante, como a sudor masculino… un aroma familiar. Dejé de prestar atención al molesto sonido para concentrarme en ese olor y abrir mis sentidos. Cuando logré abrir mis ojos tardé unos segundos en enfocarlos, pero cuando lo hice noté el suave cabello cobrizo que hacía cosquillas en mi nariz. Moví mi cabeza un poco y enfoqué mi mirada, fue cuando lo vi, a mi lado durmiendo. Cielos… oh dios, él estaba tan cerca, con sus brazos envueltos en mi cintura y su rostro oculto en el hueco de mi cuello… y yo no me quedaba atrás, mis piernas estaban abiertas alrededor de una de las suyas.

Cuando tomé conciencia de mi cuerpo moví mis brazos y casi gimo, uno estaba debajo de su cuello y el otro debajo de su camiseta, mis dedos palpando perfectamente extendidos, los duros abdominales. Él suspiró y frunció el ceño cuando moví despacio mi brazo y mis piernas para salir de la prisión de sus brazos, cuando lo logré caí de culo sobre la alfombra.

-Mierda—susurré sobándome la nalga izquierda. El maldito ruido seguía taladrando mi cabeza, solo que ahora sabía que venía desde mi celular. En algún momento antes de caer dormida lo había encendido revisando las cientos de llamadas perdidas de Alice, Carlisle y hasta de Esme.

Gateé por la alfombra hasta llegar a la mesa de te y tomé el maldito aparato con premura mirando la pantalla, cielos… Carlisle. Miré a Edward sobre el sofá y contuve la respiración sin poderme creer que había pasado la noche, sin hacer mas que dormir, junto a él abrazados sobre el sofá. Edward abrió los ojos, entrecerrándolos en seguida, me miró y refregó sus parpados con los dedos mientras trataba de acomodarse sobre los almohadones, me miró de nuevo mientras alzaba una ceja… oh mierda! El celular seguía sonando en mis manos.

Carraspeé y acerque el aparato a mi oído, -Carlisle— mi voz sonaba pesada por el sueño, peiné mi cabello con mis dedos y vi a Edward incorporarse en el sofá, sentado ya, con los codos sobre sus rodillas y su mirada fija en la mía.

-¿Bella?— carraspeó algo nervioso, supuse que aún se sentía apenado por lo que había sucedido en la noche de su cumpleaños, o lo que él pensó que había sucedido –Perdona que te haya llamado, solo quería saber cómo estabas, hum… cómo la están pasando-

-Estamos bien— murmuré pensando en Alice, que debería haber visto el despliegue que Edward y yo habíamos montado durante la noche –estamos perfectamente bien, gracias por preguntar- pedí disculpas a Edward con una mueca y señalé la cocina mientras yo me levantaba del suelo –hum… ¿cómo estás tú?— murmuré caminando hacia la puerta trasera de casa, miré sobre mi hombro antes de salir al exterior y vi a Edward sostener su cabeza con sus manos aun sentado en el sofá. Cerré la puerta detrás de mí.

-Bien, bien… en medio de un par de negocios, he cancelado una reuniones, necesitaba descansar, por lo que luego de terminar esta llamada volveré a casa a tomar una siesta y tal vez hacer algo con Jasper, extraña a Alice ¿sabes? Aunque no tanto como yo te extraño a ti—rio quedadamente.

Sonreí, por supuesto que Jasper extrañaba a Alice, mi amiga había dejado al amor de su vida en Nueva York por mí y eso era algo que le agradecía eternamente, -Solo faltan unos días, Jasper debe estar odiándome en este momento… le quité a Alice esta semana- murmuré. Durante la noche había llovido y en el aire no solo se podía saborear ese olor a tierra húmeda sino también el frio aletargado que la noche había dejado atrás, estiré las mangas de mi suéter a mis manos y me acurruqué en la escalera del porche.

-No, el comprende… aunque sigue sin entender el por qué se fueron tan repentinamente… y yo no se lo he dicho, cielos… me avergüenzo tanto- la culpa se impregnaba en su voz -¿Podrás perdonar mi estupidez Bella? Te juro que nunca he tomado al punto de atacar a alguien… me arrepiento enormemente—

Respiré profundamente el aire frio y contuve la respiración por un instante, no iba a permitir que sus palabras me llegaran a pesar de saber que él no había hecho nada de aquello que creía, aun así esa culpa que sentía lo alejaba de mi lo suficiente como para darme el espacio que necesitaba.

-Oye… Alice está preparando el desayuno, tengo que irme—

-Está bien mi amor… yo igual me iré, espero que continúes pasándola bien— había una nota de pesar y resignación en su voz.

-Lo haré, gracias… adiós— dije levantándome de la escalera para dirigirme adentro de la casa.

-Adiós mi vida, te amo—

Corté la llamada después de eso, apreté los dientes sin decir una palabra, nunca respondería a esa declaración como él esperaba y si lo hacía, solo sería de la boca para afuera, porque lo que era mi corazón, estaba tomado por su hijo.

El cual al abrir a puerta, vi sentado en una de las sillas altas junto al desayunador, con una taza de lo que olía a café a un lado y mi Perla en sus brazos. Sonreí al verlo acariciar a la gata debajo del cuello, hundiendo sus dedos en el mullido pelaje blanco, mientras mi Perla se desvivía ronroneando con sus caricias.

-Me extrañó—susurró él mirándola con una sonrisa –tu gata me extrañó… cuando me vio aquí comenzó a frotarse entre mis piernas, soy irresistible ¿he?—desvió su mirada hacia mi y negué con la cabeza ahogando una carcajada.

-Solo quería mimos, siempre quiere mimos, no importa de quién sea…—caminé hacia la cafetera y me serví una caliente taza de café. Volteé apoyando mi cadera en el filo de la mesada y mis ojos fijos en él, lucía desenfadado, relajado y más tranquilo de lo que era el día anterior, parecía que la noche lo había ayudado a reflexionar sobre todo lo que le había caído encima.

Él dejó a Perla en el suelo y tomó su taza de café para llevarla a los labios, -¿Cómo está… Carlisle?—sus ojos miraban la taza entre sus manos y su ceño fruncido me daba a entender de que esta no era la conversación agradable con la que quería comenzar la mañana… el hecho de haber llamado Carlisle a su padre denotaba cuán simpatizante era en estos momentos del monarca Cullen.

-No hablé mucho con él, está bien… supongo— obviamente no sabía de la ultima situación con su padre -¿no has estado con él?—

-No, salí de Nueva York en cuanto pude, no quiero verle la cara… no se que haría, temo… que sería capaz de matarlo— sus manos temblaron por lo que dejó su taza sobre el desayunador para luego deslizarlas en sus vaqueros sobre sus muslos –Cielos… yo, tengo ganas de un cigarro—rio incrédulo mirándome con un humor inexistente.

Sonreí o más bien fue una mueca, cada uno tratando de sobrellavar esta nueva situación como podíamos. Tomé un sorbo de café y pensé en como mi manera de huir era la mas eficiente para mí, cuando me sentía asfixiada, derrotada, volver a mi lugar, a mi hogar, era la solución, pero Edward no tenía un lugar para ir… mas que a donde yo estaba. Su única familia estaba formada por un padre envuelto en mentiras, su madre inexistente y sus hermanos en su vida propia… excepto quizá por Jasper. Oh Dios, ¿qué pensaría Jasper de toda esta situación? ¿Cómo reaccionaría él al saber que tenía un medio hermano y que murió gracias a la negación de su padre?

Edward carraspeó -¿Un baño Bella?—

-Oh… si—dejé mi taza sobre la mesada y caminé fuera de la cocina hacia el corredor –por el pasillo la segunda puerta de la derecha—

Él caminó sin mirarme hacia el baño, yo volví a mi rincón en la cocina a volver a sorber mi café. Miles de pensamientos golpeándome en mi cerebro… ¿qué haría de ahora en mas con Edward? Dios… lo amaba, lo amaba con una fuerza que sobrepasaba la razón y pensar en seguir haciendo esto con él como testigo, rompía mi corazón. Era injusto para él verme actuar de la manera que actuaba para Carlisle y saber que lo tendría que besar, salir con él, dejarme tocar por él… me ponía enferma y quizá sería cien veces peor para Edward, pero era lo que había y debíamos aceptarlo. Y de ninguna manera podía dejar esta promesa, si lo hacía faltaría a la memoria de mi padre y de Tommy. Y no podía faltarle a ellos… yo no…

Oí pisadas rápidas y alcé la cabeza, Edward venía directamente hacia mí, con sus ojos en mis ojos y con actitud determinada. Cuando estaba frente a mí, tomó mi taza y la dejó sobre la mesada y con un movimiento repentino tazó mi cara con sus manos y pegó su frente a la mí respirando con dificultad.

-No me alejes, no me alejes bebé… no mantengas distancia, porque luego de lo que vivimos tú y yo… tenemos que mantenernos fuertes, no te alejes de mí— susurró desgarradoramente.

-Te lastimaré—susurré de vuelta aferrándome a su camiseta, cerré los ojos y tragué saliva –me odiaras—

-Nunca, nunca… te amo maldita sea—me presionó con su cuerpo a la mesada y mi agarre fue mas apremiante, nos sosteníamos allí, desesperados, totalmente aferrados uno al otro –y si duele… oh mierda, dolerá un infierno, pero estarás conmigo, solo conmigo y no te dejaré escapar otra vez… por favor no te alejes, no te encierres en ti misma, no estas sola, ya no… estoy aquí mi amor, háblame—

-No puedo hacerte esto… Edward—sollocé dejando caer mi frente en su pecho –pero tengo que hacerlo— sus brazos me sostuvieron por mi cintura con fuerza y firmeza –y estoy tan mal, estoy tan rota… no puedo hacerte esto—

-Shh… lo haremos juntos, encontraremos una manera, no temas bebé, no lo hagas. Encontraremos otra manera—

Negué con la cabeza porque yo bien sabía que no había otra manera, no quería otra manera, la manera en que Carlisle pudiera resarcir su error no me interesaba, no quería dinero, eso no significaba nada para mí, no quería la quiebra para él tampoco, no cuando de ello dependía el futuro de Edward, Jasper y Rosalie. Mi objetivo era algo tan simple, tan sencillo, su rendición… su corazón, su orgullo y su arrepentimiento.

-Me odio por no poder renunciar a esto—grité ahogadamente en su pecho –y me aterra perderte, hacerte daño me duele a mi—gemí –me duele a mi—

-Oh dios Bella… lo odio por hacerte esto—levantó mi rostro y respiró sobre mis labios, cerca… tan cerca… -cada lágrima tuya mi amor, cada una… lo pagará—

-Edward—me alcé de puntillas pero antes de tocar sus labios con los míos él me alzó apretando mi cintura con sus brazos, su boca tomó la mía con urgencia, con ansiedad, cielos… como si hubiese necesitado eso todo el tiempo para respirar. Mi culo tocó el filo de la mesada cuando él me dejó sobre ella, separé mis piernas para recibirlo entre ellas y nos aferramos uno al otro con brazos, lengua, boca, dientes. Quise llorar, lo tenía, lo había necesitado tanto… lo amaba.

Su lengua saqueó mi boca, besos que exprimen, que chupan, besos mojados y sedientos al mismo tiempo. Mis manos tiraron de su cabello dejándonos llevar por la pasión que siempre nos dominaba, su lengua tocó la parte mas profunda de mi boca y gemí… sentía que me iba a desmayar. Tanto dolor… y ahora esto, un dulce somnífero.

Su mano se escabulló por debajo de mi camiseta y lo guié con la mía, cuando tazó mi pecho apreté su mano pidiéndole mas, diciéndole que estaba dispuesta a todo junto a él. Y él lo hizo, alejó sus labios de mi boca solo para lamer la piel de mi mandíbula hasta llegar a mi cuello y besarme a boca abierta allí.

Pero entonces se abrió la puerta de la cocina y Sue la atravesó llevando a Billy en su silla de ruedas.

-Oh… cielos—llevó una mano a su boca deteniéndose en seco, ambos con los ojos desorbitados y yo… mierda. Edward se alejó tan rápidamente que tropezó con una de las sillas altas del desayunador, nuestras respiraciones jadeantes nos delataban, a demás de mi ropa desarreglada y la evidente erección de Edward, que ocultó a tiempo volteando hacia mi, tomando mi cintura y ayudándome a bajar de un salto de la mesada.

Mierda…

-Mierda—susurró él bajando la cabeza.

¡Si!

A falta de ser atrapada en la adolescencia por mis padres, tenía que venir a hacerlo Sue y Billy. Cielos… creo que batí el record de sonrojos en una sola tarde.

Carraspeé deseando que me tragara la tierra y caminé rodeando a Edward hacia quienes habían sido mis padres adoptivos luego de que mis propios murieran para mí. Abracé a Sue haciéndola reaccionar, ella palmeó mis hombros, pero aun la sentía totalmente tensionada,

-Lo siento, te explicaré— me separé de ella y me agaché lo suficiente para abrazar a Billy, el recobró la compustura mucho mas rápidamente y me devolvió el abrazo como siempre lo hacía, con cariño y fraternidad.

-Bienvenida a casa hija—

-Gracias… lo siento, déjame explicarme—me separé de él y cuando estaba por abrir la boca para pedir las disculpas mas patéticas de mi vida, sentí una mano aferrarse a mi cintura. Edward se adelantó besando mi sien y extendió la mano a Billy,

-Edward Cullen, señor… señora…- Billy apretó su mano un instante asintiendo y alzando una ceja mirándome, reconociendo el apellido. Bajé la mirada mientras Sue apretaba la mano de Edward también – permítanme pedirles disculpas… por lo sucedido recién—parecía ligeramente avergonzado cuando volteó a verme.

Sonreí nerviosamente –Edward vino a verme anoche—carraspeé -sabe todo Billy…- susurré mirando a mi padrino.

-Oh—jadeó Sue comprendiendo, me dirigió una sonrisa suave y un asentimiento. Un segundo mas tarde dejaba sus abrigos en los percheros detrás de la puerta mientras Billy iba hacia la sala.

-¿Quieres un poco de intimidad o necesitas que me quede?—murmuró suavemente Edward en mi oído, su dedo pulgar recorrió mi labio inferior que se sentía ligeramente hinchado y sensible.

-Déjame explicarles…- sonreí. Él asintió y bajando su cabeza dejó un suave beso en mis labios.

-Iré al hotel a darme un baño… y a hacer unas llamadas—él acarició un mechón de mi cabello, lo miré interrogante… ¿llamadas?, él frunció el ceño mirando mi gesto –llamadas a un par de abogados que conozco, a Jasper—sonrió arrogante -¿Qué dudas tienes amor?—

Bajé la mirada y negué con la cabeza masticando el nombre "Tania" en mi insegura mente.

-Hey… dilo—sentí su dedo índice debajo de mi mentón cuando alzó mi cabeza.

-Déjalo—murmuré tratando de pasar a su lado… ¿se estaba burlando de mi? Bueno… esa sonrisa arrogante me decía que si con todas las luces. El viejo Edward.

-Dilo—murmuró anclando su mano en mi cintura. Cielos… -vamos bebé, sácalo-

-Tania…- suspiré frustrada –eso es, Tania—

Él asintió reprimiendo una sonrisa y dio un paso atrás –Bien… hablaremos de ella si quieres luego—alzó un hombro y volteó hacia la puerta con una sonrisa arrogante, hijo de…

-¿Bella?—Sue me llamó justo cuando Edward cerraba la puerta de salida tras sus espaldas. Me apresuré a ir tras ella, cielos… los dos, Sue y Billy estaban esperándome en la sala de estar acomodados en el sofá. Me senté a un lado de Sue y tomé su mano entrelazando nuestros dedos, ellos no dijeron ni una palabra, esperaban por mi, como siempre.

Por lo que tomé un profundo respiro y miré a los ojos negros de Billy, que me miraban con paciencia y preocupación, -Lo amo—suspiré –a Edward… lo amo—Billy asintió en comprensión y Sue sonrió palpando mi mano con cariño, ella me llevo bajo su abrazo y besó mi mejilla.

-Es su hijo—murmuró apartándose sin dejar de acariciar mi brazo.

-Si… y es todo lo contrario a sui padre… por lo que yo se—murmuré alzando un hombro –anoche hablamos, él… me encontró en el cementerio, en la tumba de Tommy y hablamos, mucho… un montón. Sabe todo y me cree, vio las fotos—

-Hija—gimió abrazándome de nuevo, imaginándose lo duro que había sido para mi todo eso.

-¿Qué piensa?—habló Billy. Él parecía tranquilo pero aun preocupado, -¿cómo le cayó todo esto?

-Mal… es decir—moví la cabeza –no podía creerlo al principio, él tenía una imagen de su padre, pero luego entendió y aun sin poder creerlo, optó por creerme y cuando vio las fotos él… - quedé en silencio. –Quiero que conozca a Rene sin embargo, hoy si es posible—

- Entonces no termina de creer tu historia…- murmuró Billy

-Lo hace, él no me lo pidió, pero quiero que la vea, quiero que comprenda esa parte— y quizá estuviera haciendo mal, pero necesitaba que Edward la viera.

Billy asintió y sonrió un poco, -Espero que este muchacho te trate bien, no sé qué sucederá de ahora en más, es algo de ustedes… pero no me gustaría que salieran lastimados— él suspiró -te das cuenta que en algún momento uno de los dos lo hará… ¿verdad?-

-Trataré de evitarlo, pero si sé que en algún momento saldremos lastimados, Dios…- gemí apoyándome en el hombro de Sue –es un lio ma, pero tengo que hacerlo—

-Bella reflexiona hija, esto es una señal para que detengas esa idea que tienes, Edward entró en tu vida, lo amas y al parecer y juzgando lo poco que vimos—carraspeó – él te ama a ti ¿Por qué no dedicas tu vida a ser feliz mi niña? No te amargues mas con esta venganza que al final no te dará ninguna satisfacción más que, eso no devolverá a tu papá ni a Tommy, ni hará que René esté mejor…

-Tengo que hacerlo—dije separándome de ella, que aun no entendía el alcance de mi odio hacia Carlisle, nunca lo entendería. Él era como la culebra mas ponzoñosa, una culebra que picó a mi madre, envenenándola haciendo caer a toda mi familia con ella, una culebra que casi me pica a mi, pero no… por dios, nunca caería con sus encantos, Edward estaba allí para tirar de mi mano cuando esa culebra estuviera a punto de atacar.

No iba a renunciar.

Billy acercó su silla de ruedas -Bella, Sue tiene razón hija, quizá sea lo mejor para todos—

-No, ¡No!... ¿y Tommy? ¿El murió en vano?—me levanté del sofá para caminar por la sala – no puedo dejar que él se muera sin saber que un hijo de su sangre murió por su culpa, él lo va a pagar, no voy a descansar hasta ver el remordimiento en sus ojos, el dolor, la culpa, la miseria mas amarga, no… no puedo dejar que él siga su camino, sea feliz, exitoso y ciego cuando a mí me quitó todo… ¡Todo!—a esas alturas las lagrimas corrían por mis mejillas –no puedo perdonar si eso es lo que quieren, llegó a mi vida para arruinarla, sacándome a mi madre, mi padre y mi hermano. No voy a dejar que sea feliz, no lo voy a dejar…-

-Tu puedes reconstruir esa felicidad que perdiste Bella…- oh mierda, odiaba ver llorar a Sue –comienza a ocuparte en eso, se te va a ir la vida mi amor y cuando quieras acordarte… te darás cuenta de que solo has vivido por y para una venganza—

-Sue cariño, déjala—Billy avanzó hasta su mujer y le tomó las manos para luego mirarme –Bella sabe lo que hace y sea lo que sea, estaremos aquí como tu familia—

Asentí tapando mis ojos con ambas manos al ver aparecer a Leah por el pasillo, aun en pijamas -¿Están bien?—dijo mirándonos a todos con preocupación. Una de sus manos estaba acariciando su pequeño bultito.

Caminé hacia ella y la abracé suavemente –Lo siento si te desperté, te quiero amiga—cuando me separé ella sonreía con tristeza, acaricie su pancita y rio,

-Igual ya me había despertado, tengo nauseas aun—se alzó de hombros.

Asentí y miré de nuevo a Sue y Billy, ella se paró rápidamente y secó sus lágrimas con una sonrisa acercándose a mí, me abrazó fuertemente antes de soltarme,

-Iré a preparar el desayuno—se encaminó a la cocina –supongo que Jake está aun durmiendo—

Leah rodó los ojos y se acercó a mi -Creo que eso del sueño en el embarazo se aplica a los hombres solamente, porque que yo sepa este bebe mas adelante me va a tener dando vueltas de madrugada como perro con dos colas—

*o*

Edward volvió a buscarme al mediodía, diciéndome que quería estar a solas conmigo porque aun teníamos muchas cosas de las cuales hablar, tenía razón. Quería saber que era lo que verdaderamente había sucedido con Tania, cuál era su relación actual con ella y lo más importante… si iba a seguir viéndola.

-Es lo mejor que encontré—dijo al abrirme la puerta del auto de alquiler frente a La Bella Italia, un pequeño restaurant pueblerino en Port Ángeles.

-Me gusta, hacía mucho que no venía por acá—caminamos hasta la puerta, él con una de sus manos anclada a mi cintura –mi padre solía traerme a almorzar algunas veces—

-Entonces elegí bien—sonrió mientras abría la puerta del restaurant, cuando entramos una mujer rubia y joven nos llevó hasta nuestra mesa, al parecer él había hecho una reserva unas horas antes. Ella nos entregó la carta y luego de estudiarla un poco pudimos ordenar, yo un plato de pasta a la parmesana y él una hamburguesa completa.

No dijimos nada importante al principio, nos dedicamos a comer nuestro almuerzo entre comentarios sobre el pueblo, el clima y la familia Black. Él parecía agradecido y contento de que ellos se haya hecho cargo de mi cuando perdí mi familia, aunque también pude ver el dolor en sus rasgos, también estaba agradecido por la manera en que parecieron aceptar lo nuestro a pesar de la situación. Supe que algo allí había pasado con respecto a eso, cuando fui a buscar mi chaqueta a mi habitación, luego de que él pasara por mí a casa de los Blacks, supe al volver que algunas palabras se habían intercambiado entre Billy y Edward, porque en un instante su rostro pasó de estar tensionado y cauteloso a relajado, con una mirada de respeto hacia Billy. No pregunté pero pensé que seguramente eran esas palabras que se intercambiaban entre padre de la chica y el novio de esta, o algo parecido… aunque tenía la ligera sospecha de que también era algo más.

-Asi que… ¿Londres?— murmuré apenas terminé mi comida, tomé un sorbo de mi jugo natural y alcé una ceja hacia Edward, que sonreía asintiendo con cierta arrogancia. Él sabía que no me iba a aguantar demasiado.

-Si… Londres—comió una papa fruta y luego un sorbo de su cerveza –Es increíble, tantas cosas por hacer por allí, hubiese estado totalmente increíble si fuera porque había tenido mis pensamientos totalmente dirigidos hacia una persona en especial—me miró casi perforando mi cabeza.

-Mmm…- miré mis manos jugueteando con la servilleta –me pregunto quién sería, ¿una rubia fresa quizás?—

Él hizo una mueca mirando a la ventana –Bueno, a pesar de que esa rubia fresa lo pedía con todos sus huesos, no… no era ella—volvió su mirada hacia mí –más bien fue cierta morena que a penas y pasa el metro y medio de altura—

Y fue cuando le tiré mi servilleta hecha una bola, rio idiotamente y reprimí una sonrisa. Suspiré mirando mis manos ahora vacías –Verdadera suertuda ella… aunque quizá la pobre no pudo evitar que durmieras en camas ajenas ¿no?—y no quise mirarlo a los ojos.

-Si a camas ajenas te refieres a la de cierta rubia rojiza… no, no tuvo oportunidad de evitarlo—oh dios, fui consciente del dolor en mi pecho por la punzada que allí se había abierto paso, tragué saliva y me negué a mirarlo y que viera en mis ojos el dolor que sus palabras me causaban, pero entonces él alargó la mano y alzó mi barbilla, por lo que fui obligada a mirar directamente a sus ojos verdes intensos –porque la morena fue lo suficientemente poderosa en mi mente como para que siquiera lo considerara—

Jadeé un respiro pestañeando para aclarar mis ojos

-La amo, amo a esa mujer que se metió en mi piel y me sedujo desde el primer minuto, te amo… te amo—asintió –y a pesar de que puedo parecer un idiota resentido y terco, mantuve ese amor lacerante en mi pecho aunque doliera como el infierno, aunque lo creyera imposible y sin sentido, aunque mi enojo me hiciera pensarte como una bruja que solo me hechizó… mantuve ese amor. Y no puedo negar que Tania era una buena opción para sacarte de mi cabeza, lo pensé en un primero momento, coqueteó todo el tiempo, ambos lo hicimos, la provoqué, hizo de las suyas y hasta se paseó frente a mí como gata alzada, pero… mierda Bella, no pude, no pude ni siquiera cuando esa noche en el hotel elegiste a mi… a Carlisle… no pude—

Bajé la mirada nuevamente solo para no parpadear y dejar caer mis lágrimas, aunque estas eran de alivio, mordí mi labio pensando en esa noche y me maldije a mí misma, yo lo había enviado directamente a brazos de esa mujer y él sin embargo, no la buscó.

-¿Qué pasó esa noche?—susurré mirándolo.

-Salí del piso donde te dejé y bajé al bar, me emborraché mal, hasta la médula pensando en ti y en mi maldita y puta suerte. Cuando me di cuenta estaba siendo arrastrado por una rubia fresa a una habitación, siendo besado en el ascensor por ella a pesar de no sentir mis labios entumecidos por el alcohol, empujado en una cama por esas mismas manos y quedándome dormido mientras ella trataba de poner dura mi verga, solo… me desmayé sobre esa cama… sin ganas de sentir nada—estoy segura que vio el error y el asco en mi cara, a pesar de eso continuó -¿querías que te mintiera y te dijera que me fui a mi cama, sano, sin mujeres y llorando por ti?... bueno, no, no te voy a mentir, aunque la última parte de eso podría ser cierto. ¿Qué quieres que te diga Bella?... mi cuerpo no reaccionó, no luché contra Tania porque no sentía nada, pero no lo hubiese hecho tampoco, como la primera vez en Londres cuando nos tiramos encima de un sofá y la aparté cuando se me hizo insoportable el hecho de que no eras tú. Tú eres todo para mí y lo fuiste siempre, incluso cuando sabía que follabas con mi padre en su cama—

-Nunca lo hice con Carlisle—dije en un arranque.

Él quedó en shock por un momento –Lo que sea, entonces cuando pensé esa noche en el bar que mientras yo me bajaba una botella de Jack Daniells él se estaba empujando a fondo dentro de ti haciéndote gritar— él se desinfló en su silla mirándome con el ceño arrugado -¿en serio nunca tuvieron sexo?—

-No—dije negando con la cabeza enfáticamente –échale la culpa a lo que quieras, dolor de cabeza, cansancio, periodo, tiempo, tú… no lo sé cualquier excusa era buena, no soportaba sacrificarme hasta ese punto, además… no eras tú—

Él negó con la cabeza con un gesto mezcla de alivio, felicidad y decepción…

-¿Entonces estuve todo este maldito tiempo muriendo por dentro y teniendo los pensamientos más escalofriantes en mi mente de tú y mi padre juntos por nada?—

Quise reír –Parece que si—suspiré –así como yo estuve todo el tiempo pensando en cómo Tania y tu…- me quedé callada, no podía seguir, era demasiado doloroso siquiera pensarlo.

-No hubo nunca una Tania y yo—él tomó mi mano sobre la mesa –ella es la dueña de una cadena de galerías de arte y me propuso exponer mis cuadros en alguna de ellas, cuando dijo que pensaba extender su negocio a Los Estados Unidos pensé inmediatamente en aceptar su oferta, no quiero irme del país. No la vi desde esa noche en el hotel, supongo que debe estar furiosa porque no se puedo hacer con mis huesos—sonrió –no me importa una mierda a decir verdad—

-¿Cómo la conociste?—pregunté un poco más tranquila, aunque su dureza y crudeza al decir las cosas aun me tenían temblando.

-Un amigo en común—alzó los hombros.

Asentí respirando profundo –espero que salga todo bien, es decir… lo de la galería—

-Lo hará. Si no es ahora, quizá mas adelante—él llamó a la camarera con la mano -¿quieres un postre?—

-No sé—miré sobre la mesa, cuando vi el menú lo tomé y abrí –¿tú que pedirás?...—a un lado de la mesa apareció una camarera distinta a la que nos atendió primero, ésta no era para nada disimulada a la hora de ver a Edward, lo veía… pero lo veía en serio, con sus ojos azules fijos en Edward.

-No sé de postres…- él miraba con el seño fruncido el menú.

-Te puedo recomendar el banana Split—dijo la camarera con voz melosa, Edward alzó la cabeza para mirarla con una ceja alzada y luego a mí, -o la tarta de chocolate con fresas, es mi favorita—rio ella tontamente. Edward sonrió negando con la cabeza volviendo a su menú –es esta… ¿ves?—ella se inclinó hacia adelante cerca de Edward con el dedo en el menú y ofreciendo sus lindos pechos, mierda… la mujer no estaba nada mal, pero eso no importaba, estaba odiándola tanto en ese momento. Carraspeé y me acomodé en el asiento,

-Perdón ¿Candy? ¿Kimy? ¿Mindy?—dije en voz alta, ella volteó hacia mí frunciendo el seño,

-Amber—dijo ella molesta torciendo la cadera.

Casi ruedo los ojos –Amber, si… Voy a tomar una porción de cheese cake con un pequeño copete de crema por favor… oh y tráeme un te helado con rebanadas de limón y poco hielo, sin azúcar ni edulcorante… —y dejé el menú cerrado sobre la mesa con un poco de fuerza sonriéndole - ¿no lo anotaras? No creo que puedas recordar todo eso- Edward alzó de nuevo la mirada hacia mí y sonrió de lado. Amber bufó sacando un lápiz, su libreta y anotó rápidamente, luego miró a Edward mordiéndose el labio y torciendo aún más la cadera. Él cerró su menú y lo dejó sobre la mesa también,

-Si… yo compartiré la porción con mi novia—se paró de su silla y rodeando a Amber llegó a mi lado y se sentó junto a mí haciendo que me desplace un poco en el sillón. Me abrazó por lo hombros y besó mi mejilla para decir en mi oído –quiero lamer esa crema de tus labios—volteó hacia Amber –que sea una porción grande Candy—

Ella jadeó ahogadamente, volteó en sus talones y se fue taconeando. Mierda… miré a Edward y él me guiñó un ojo, -Eres perversa bebé…-

-No te quedas atrás—reí negando con la cabeza.

El cheese cake estaba bueno, Edward me daba pequeñas porciones con el tenedor en la boca y yo los aceptaba jugando a ser sexy y lamer mis labios saboreándolo. Cuando terminé de tomar mi té helado me acomodé en el asiento y me enfrenté a él,

-Quería proponerte algo—murmuré seriamente mirando primero mis manos en mi regazo y luego a él, sonreía socarronamente,

-El hotel está a una hora de aquí nena, ¿me quieres ahora?—acarició un mechón de mi cabello,

Sonreí ligeramente negando con la cabeza, -Quería que fuéramos a ver a mi mamá… me gustaría que la conozcas, si quieres—

Él cambió esa sonrisa que era su marca personal por una expresión de respeto y comprensión, -Me encantaría conocer a Rene, Bella— suavemente me tomó de la mano.

Asentí con una sonrisa y acabamos nuestro postre para salir de allí.

*o*

-¿Vienes muy seguido?—preguntó mientras manejaba hacia el Instituto mental de Port Ángeles, una de mis manos estaba envuelta en la suya mientras la sostenía sobre la palanca de cambios, había estado pensando hasta ese momento que no íbamos a disfrutar mucho tiempo estar de esa manera, ambos sabíamos que esporádicamente tendríamos que continuar con nuestra vida real y que esto que estábamos viviendo era como un momento en el limbo. Suspiré dejando mis malos pensamientos atrás y miré a la carretera que se extendía por delante de mí, estábamos a poco por llegar.

-Solo unas pocas veces al año, día de la madre, su cumpleaños, navidad, quizá mi cumpleaños…- me alcé de hombros –igualmente ella no es muy consciente de mi presencia que digamos, siempre ausente, siempre tarareando una triste canción de cuna, no te asustes si la vez arrullando una manta que nunca deja o si le hablas y no responde, de hecho nunca lo hizo… cuando le hablo—

-Lo siento tanto Bella—apretó mi mano en silencioso apoyo y sonreí –mi madre murió cuando yo era muy pequeño, pero sentí su ausencia hasta luego de la adolescencia, nunca me había resignado a perderla. No me imagino lo que fue para ti a los 15 años perder tanto, cielos… una mierda total, a ella la tienes pero no significa un soporte para ti. Simplemente, eres la persona más fuerte que conozco—

-Me costó mucho, no era tan fuerte al principio, no se si alguna vez lo fui. Si no hubiese sido por los Blacks, por Alice y Esme no hubiese podido seguir adelante. Literalmente quedé huérfana, pero ellos me adoptaron y pude terminar la preparatoria, gané una beca y Billy me ayudó un montón al igual que el fondo que dejó mi papá. Puse tanto esfuerzo en prepararme, el mejor promedio, egresada con honores—reí –terminé trabajando en una biblioteca solo porque pensé que iba con el perfil que me había propuesto y funcionó, fue en un coctel organizado por la biblioteca de nueva york que conocí a tu padre—

-¿Qué sentiste cuando lo hiciste?—él parecía curioso acerca de eso.

-Quedé deslumbrada, casi pude entender a mi madre. Casi dije "Mamá, tenías razón"—reí irónicamente –él sabía como jugar sus fichas, sabe malditamente bien como conquistar una mujer, como desplegar todo ese encanto masculino… y casi funcionó o lo hizo por un tiempo, hasta que llegaste tú—

-Hijo de puta—gruñó Edward sorprendiéndome, volteé hacia él y lo vi morder con fuerza sus dientes, el filo de su mandíbula se marcaba casi eróticamente –siempre fue un hijo de puta con suerte, siempre se salió con la suya, nunca dejó títere con cabeza—

-Si… esa es la frase exacta—dije viendo a unos pocos kilómetros la entrada principal del Instituto mental, lo señalé –de hecho vinimos a visitar a uno de esos títeres sin cabeza—

-Dios… Bella lo siento—dijo junto a una maldición, apreté su mano en comprensión.

Edward estacionó y rápidamente bajamos del auto, me sorprendí cuando el caminó a mi lado tomándome de la cintura para besarme en los labios suavemente –Vamos—dijo agarrando mi mano, tomando el mando de la situación.

Vimos a la doctora Carmen por un momento cuando entramos al vestíbulo del lugar, eran vacaciones así que había varias familias cerca haciendo sus visitas. Edward nunca me soltó la mano mientras Carmen nos dirigía hacia el área de descanso, donde los residentes estaban en el gran parque de verde césped y mesas de picnic tomando el sol luego de los días de lluvia. Habían familias dispersas aquí y allá y por un segundo sentí nostalgia, nunca había venido con una familia a visitar a mamá. No había familia, literalmente, a la cual recurrir.

-Es un área asegurada, tanto las familias como los residentes están cómodos en las sillas de descanso o en las mesas de picnic, si la familia lo solicita se puede preparar una zona libre para picnics sobre el pasto—la doctora nos explicaba mientras caminábamos junto a ella por una vereda de adoquines que recorría los terrenos. Era un increíble lugar, pagaba lo mejor para que mamá estuviera cómoda y esto era lo mejor al menos por esta zona de Washington. –Tenemos hasta arboles frutales, en época de cosecha todos en el lugar, hasta las enfermeras, salimos a cosechar en canastos de frutas, manzanas, naranjas, limones, melocotones, es una linda distención para los residentes de menor complejidad-

-Si no fuera por el cerco, diría que parece las inmediaciones de un hotel—sonrió Edward contagiando a Carmen.

-Oh allí esta… logramos que saliera cuando nos avisaste que ibas a venir a verla Bella—murmuró cuando mi mirada se enfocó en la mujer que una vez me había dado la vida.

-Gracias Carmen—susurré con mi garganta embotada. Ella se detuvo a unos metros de mi madre y alzó una mano señalándola

-Vayan con ella, me quedaré un momento aquí para ver sus reacciones y luego me iré—

Asentí adelantando un paso, podía sentir a Edward detrás de mí a demás de estar tomando mi mano. Como siempre mi madre no reaccionó a mi llegada, miraba con aire ausente una familia que se sentaban mas allá, no pude dejar de notar que una de esas mujeres estaba embarazada.

Mamá estaba vestida con un bonito vestido largo color blanco con pequeñas flores estampadas, su cabello caía en suaves risos sobre sus hombros y aunque estaba pálida y delgada como otras veces, ella lucía un brillo especial, tal vez originado por el efecto de la luz solar o solo porque ella se sentía calma y tranquila. Cuando llegamos a su lado ella no se inmutó, me senté junto a ella arrastrando a Edward conmigo y quedamos un momento mirando a la familia que interactuaba mas allá, un adolescente parecía ser el residente, una chica de cabello negro y corto con una mirada triste.

Tomé un profundo respiro y moví mi mano tentativamente para no asustarla, aferrándome a la suya que reposaba en su regazo, en un intento de mantenerla mas cerca, entrelacé mis dedos con los de ella. Pero ella no se inmuto… hasta que luego de unos segundos miró lentamente hacia su regazo y quedó con su mirada fija en nuestras manos unidas.

El primer acercamiento estaba hecho, no debía tener miedo de mi madre, pero lo tengo y no porque ella me de miedo, me dan miedo sus reacciones. Recordé la primera vez que la visité luego de dos meses luego de su primer intento de suicidio, ella gritó y gritó en cuanto me vio, espantando a todos en esa planta, eso no me permitió visitarla hasta cinco meses después. Carmen me dijo que era una reacción esperada, el shock que ella había sufrido había sido demasiado grande y cualquier motivo podía ser el desencadenante para un episodio, aun así, siempre fui precavida en el primer contacto a partir de ese momento.

-Hola mamá—susurré con voz ligera –estas hermosa—

Reprimí las ganas de apoyar el costado de mi cabeza en el hombro de mamá, no quería incomodarla o aterrarla y hacer una escena en el peor de los casos, solo me quedé allí sosteniendo su mano mientras ella volteaba su cabeza nuevamente hacia la familia a lo lejos. Volteé hacia Edward que nos estaba mirando con una mirada mezcla de pena y solemnidad.

-Son muy parecidas—susurró acercándose a mí –ambas muy hermosas—

Sonreí en agradecimiento y volví a ver a mamá, nuestras manos aun unidas en su regazo era lo más cerca que había llegado a tocarla físicamente, luego de varios intentos a lo largo de los años, de abrazos no correspondidos y besos ausentes. Solo quería que alguna vez ella superara su corazón y su mente herida, me mire a los ojos y con toda la razón que se que aún existe en su interior dijera algo como "hija mía", si… eso estaría bien, "Te amo" estaría aun mejor. Con el paso de los años ese deseo se había tornado algo inalcanzable, pero aun mantenía la esperanza.

-Mamá—me levanté del banco manteniendo su mano en la mía y me arrodillé en el césped frente a ella, le sonreí aunque no tenía su atención –quería que conocieras a alguien, él es… alguien especial para mí—miré a Edward y le sonreí tendiéndole la mano, él la tomó y con suavidad vino a mi lado a arrodillarse junto a mí – alguien que me gusta mucho—continué en voz baja sin dejar la mirada de Edward – alguien que de hecho… amo mucho—sonreí ante la mirada de mayor incredulidad de Edward, él pestañó luego de un par de segundos, aún con mi madre allí presente parecía que estábamos en nuestra propia burbuja.

-Te amo bebe… tanto—susurró él con reverencia.

Asentí emocionada –Mami… él es Edward— volteé a verla. Ella nos miraba, pero su mirada pronto se centró en Edward, él levantó la mirada hacia ella y trabaron sus ojos. Y… oh dios… fue allí que sucedió la reacción que Carmen aun esperaba a metros de nosotros.

Carmen alguna vez me había dicho que para mi madre, conocer a gente nueva podía ser tanto perjudicial como favorecedor, pues su sistema estaba colapsado y colgado de personas de su pasado e incorporar alguien mas podía ser estresante.

Pero nunca, nunca pensé que estar ante la presencia de Edward ella reaccionaría así. En un primer segundo, supe que algo no iba a ir bien cuando su cuerpo entero se fue poniendo rígido paulatinamente, su mano apretó la mía casi hasta el dolor y sus ojos fueron agrandándose a medida que su espalda iba retrocediendo centímetro a centímetro hacia el respaldo del banco.

Emitió un sonido al abrir la boca, mezcla de gemido gutural y grito ahogado y luego todo se descontroló, comenzó a jadear con su rostro crispándose en terror y sus ojos llenándose de lágrimas. Y luego como si el viento soplara de manera diferente, esos mismos ojos que habían mostrado miedo, se llenaron rabia y dolor.

Edward y yo nos levantamos tomándonos de las manos, mi madre soltó la mía sin dejar de mirar al hombre a mi lado, que por alguna razón se había convertido en el objeto de su ira. Di un paso hacia atrás arrastrando a un Edward pasmado, cuando de repente mi madre saltó de la silla del parque con un gruñido y corrió hacia Edward alzando las manos. Grité cuando la vi clavando las uñas en el rostro de Edward, él solo atinó a empujarme cuando mi madre cayó sobre él.

Estaba totalmente fuera de su mente,

-¡Mamá!—grité viendo cómo peleaba contra un Edward paralizado, las manos de él tomaron las muñecas de ella alejándolas de su rostro que ahora tenía puntos donde podía verse la sangre correr. Mi madre gritaba, tratando de llegar con sus manos a Edward.

Entonces los enfermeros llegaron corriendo con Carmen detrás, dos de ellos arrancaron a mi madre de Edward, ella se retorcía en sus brazos mientras gritaba con saña, los enfermeros tomaron sus manos cuando ella atinó a rasguñarlos a ellos también Carmen la rodeó manipulado una jeringuilla que llenó con un liquido ambarino de una pequeña ampolla y sin tardanza se la inyectó en el brazo.

-Oh por dios, mamá—lloré tapando mi boca con ambas manos, me mataba, me mataba verla de esa manera. Nunca creí que iba a tener una reacción así. Oh dios…

-Llévenla a su habitación, Trina irá con ella en un momento y luego iré yo. Dormirá por unas horas—los enfermeros la sacaron de allí y ella volteó a mi –lo siento Bella, no sabía que iba a suceder esto aunque tú sabes que con su inestabilidad no puede sorprendernos. Ella estará bien, le administraré calmantes esta noche y mañana comenzaremos con la terapia—

Asentí entre sollozos cuando ella se acercó y me abrazó un momento antes de irse detrás de los enfermeros.

En cuanto se fue me quise derrumbar allí mismo, ante la mirada aun atónita de todos alrededor, pero un par de brazos fuertes que me atraparon con seguridad, me mantuvieron en pie.

-Oh por dios, perdóname Edward—anclé mis brazos alrededor de su cintura y hundí mi rostro en su pecho –no sabía que iba a suceder, lo siento tanto—alcé mis ojos y vi la sangre en sus mejillas y su mirada triste y aun así llena de amor. Alcé mis manos limpiando con mis dedos su sangre, pero él atrapó mis muñecas y besó mis nudillos.

-Está bien, ella estará bien bebé…- me abrazó de nuevo besando el tope de mi cabeza y me dejé caer en él, mis sollozos amortiguándose en su pecho y mi corazón roto una y otra vez –vamos mi amor, todo estará bien. Nos mantendremos al tanto—

Salimos de allí unos diez minutos después, nuestras manos unidas y nuestras almas en silencio. Él manejó de regreso al hotel, no tenía el ánimo suficiente como para enfrentar a Jake, Leah ni Alice, mucho menos a Sue o Billy. Cuando llegamos él se ocupó de llamar a un fast food cercano y pedir una pizza mientras que yo preparé los elementos de primeros auxilios, para sanar sus heridas.

-No tienes por qué hacerlo bebé—nos acomodamos en el sillón esperando la comida, yo me senté en su regazo e impregnando un algodón con un antiséptico, me negué a escucharlo. Me senté mejor sobre él, sus brazos rodearon mi cintura y mis manos fueron a su rostro, mamá le había dejado marcas de sus uñas hundidas en su piel, cerca de los ojos y debajo del mentón.

-Lo hago porque me gusta cuidarte—dije con una suave sonrisa –no quedarán marcas, no son muy profundas—

-No me preocupa eso…- dijo negando con la cabeza –tú… ¿estas bien?—él acarició mi nuca con sus suaves movimientos.

-Tan bien como puedo estar—susurré mirándolo a los ojos. Bajé mis manos sin dejar de mirarlo, era tan malditamente hermoso… su cabello cobrizo echo un lío allí arriba, su piel suave y ese rastrojo de barba de varios días, que lo hacía ver tan hombre, esos labios que quería besar una y otra vez, sus ojos… cielos -son tus ojos—

-¿Qué—susurró él frunciendo el entrecejo.

-Tus ojos… son… los mismos ojos que los de Carlisle—jadeé –oh dios… fueron tus ojos—

Él negó con la cabeza sacando de mis manos el algodón y el antiséptico –No sabemos eso, quizá si lo fue, pero… no podemos saber lo que pasó por su cabeza—él negó otra vez volviendo a mirarme –solo quiero que estés bien, ella no me dañó, pero estoy seguro que si lo hizo una vez mas contigo—

Asentí… ella me hería, cada vez.

Me acurruqué en el regazo de Edward, oliendo su olor, masculino, terroso y limpio. Cerré los ojos y dejé que su todo él me envolviera, sus brazos, sus piernas, su esencia, sus palabras. No necesitaba nada más. Junto a él estaba en casa y pronto tendría que dejarlo ir… y eso me mataba.

-Te amo bebé—dijo antes de que mi cuerpo dijera basta y me dejara llevar por un sueño tranquilo, sin antes responder con un suave "Te amo también"


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Hola nenas lindas, si... he tardado, pero tengo el tiempo absorbido en casa y la familia, no abandonaré este fic. Así que aqui me tendrán. Un beso enorme y gracias por la espera.


Epílogo de Una vida de Oportunidades, Donde quiero estar.



Epílogo UVO

Donde quiero estar

--Oh cielos—dije en voz baja luego de haber sentido esa punzada en mi vientre, una punzada distintas a las anteriores. Había estado durmiendo pacíficamente hasta que ese agudo dolor me llenó el bajo vientre. Había sentido pequeñas molestias durante toda la noche, pero este en particular, maldición… ésta había sido fuerte. Miré a mi lado y vi al hombre que yacía profundamente dormido a centímetros de mí, pero no quise despertarlo, en lugar de eso esperé sentada allí en mi cama para ver si sentía otra de esas punzadas.

“Lila” mi gata atigrada que me acompañaba ya hacía cinco años, vino a subirse a la cama sobre mis piernas, traté de relajarme acariciándole el pelaje y cerrando los ojos. Sentí la suavidad de su pelaje, el ronroneo en su pecho y su suave respiración, pero…

--Oh mierda—gemí doblándome ante otra inesperada punzada de dolor, cielos… habían pasado solo unos diez minutos. Allí estaba otra vez… cielos, cielos, esta vez tenía que despertarlo. Alcé mi mano y con una caricia hundí mis dedos en su espesa cabellera castaña –Josh… mi amor, despierta—él gimió y fue abriendo suavemente los ojos. Estábamos preparados para este momento desde hacía mucho, en realidad él estuvo pendiente de mí desde el sexto mes, que fue cuando comencé a tener las contracciones de  Braxton Hicks . Esta vez no faltó a su habitual manera de despertar ante una alarma.

Cuando abrió los ojos miró por unos segundos el techo y cuando tuvo la realización de donde se encontraba, volteó su cabeza hacia mi lado y se sentó en la cama con urgencia.

--¿Qué pasa? ¿Sucede algo?—miró mi vientre de ocho meses y medio y luego a mis ojos alternativamente.

Me alcé de hombros y sonreí –Ya viene—dije antes de que otra punzada chocara contra mí y me hiciera apretar los dientes y sisear al mismo tiempo.

--¿En serio?—susurró tocando mi vientre, no pude hacer otra cosa que asentir – oh por dios santo… carajo, mierda, maldita sea… hee… ¡llamo a tu madre!— saltó de la cama tropezando con las sábanas.

--Amor, ayúdame a vestirme y llévame al hospital, las contracciones son cada diez minutos más o menos. Le avisaré a mamá en el camino—dije con paciencia infinita. Josh correteó por la habitación y comenzó a buscar la ropa, se puso su pantalón y luego vino a mi lado a ayudarme a ponerme mi pantalón, se puso luego su camisa y luego me ayudó a ponerme mi camiseta de maternidad. Rodé los ojos y no dije nada, él estaba en total momento de shock. Tenía que llamar a mamá. –El bolso del bebé esta en mi vestidor junto a mi bolso, lleva eso al auto y luego ven por mí—dije con suma tranquilidad mordiéndome la mejilla interior para no ponerlo peor de nervioso.

--Ok…-- terminó de ponerse sus zapatos y corrió al vestidor a tomar ambas maletas, cuando corrió escaleras abajo tomé el celular de mi mesa de noche y marqué el auto discado 1. No tardó en contestar del otro lado una voz adormilada,

--Mamá… viene en camino—dije con calma. Era increíble que nosotras, las parturientas, que éramos las que teníamos que estar muriendo de angustia, en un momento como ese solo tratáramos de calmar a los demás. Lo había visto tanto con mis amigas como con mis pacientes y me intrigaba esa manera de actuar de las mujeres que eran las protagonistas, aunque sinceramente pensé que yo iba a comenzar a llorar y gritar histérica con la primera puntadita. Mamá tenía razón, las mujeres Cullen éramos fuertes  guerreras.

Oí un jadeo y un suave murmullo de fondo, mamá estaría despertando a papá, porque oí una pregunta de él y luego otra vez mamá al teléfono.

--Tranquila mi amor, vayan al hospital que papá y yo vamos para allá. ¿Josh está en camino?—oí el revoloteo de puertas y algo que caía al suelo, mamá rió al teléfono –papá se puso nervioso—dijo en complicidad, se alejó un poco del teléfono para hablar –Edward, cariño déjalo así, despierta a Maddy y dile que está por nacer su sobrino—

--Vamos—oí la voz de mi marido antes de que entrara por la puerta de la habitación, vino directo a mí y me tomo entre sus brazos.

--Puedo caminar—dije antes de que una nueva contracción callara mis palabras, gemí de dolor, era cada vez más fuerte y oh cielos… no quería calmantes pero si el dolor iba aumentando con esa intensidad…

--¿Una contracción Ali?—mamá aún estaba al teléfono que estaba de alguna manera aun en mi oído –respira hija, respira y tranquila, papá ya llamó al abuelo—

--No los molestes, debe estar durmiendo—dije entre mis respiraciones. Mi abuelo Carlisle ya tenía sus buenos 74 años y no podía andar con estos ajetreos. Había perdido a mi abuela unos cinco años atrás y había avejentado unos diez años de golpe. La tristeza se veía en su rostro pero también la felicidad al vernos a nosotros, sus hijos y  nietos, prósperos y felices.

--Nos dijo… no, nos amenazó que si no le decíamos…--

--Ok, ok… pero a nadie más—

--Papá avisó a tus tíos—dijo antes de que yo terminé mi oración.

--Mamá—gemí mientras Josh abría la puerta del auto y me dejaba en el suelo, me metí dentro con mucho cuidado, no quería romper bosa en el auto.

--Igual se iban a enterar por tu abuelo…-- ahora sus palabras fueron interrumpidas por una de mis contracciones –respira mi amor… tranquila, todo va a salir bien—

Recosté mi cabeza sobre el asiento mientras sentía que Josh salía del garaje hacia las calles de Seattle. Él tomó mi mano y me miró con preocupación, sonreí indicándole que estábamos bien, estaba tranquila y serena. En cambio mamá…

--Edward por favor, baja la velocidad—dijo sobre el teléfono.

--Tranquilos mami, estamos bien—dije aspirando una gran bocanada de aire y exhalando con fuerza. –Dile a papá que se tranquilice, que aunque le cueste creer Josh está pendiente de mí— sonreí mirando a mi esposo. Mi padre había tardado en aceptar a mi hombre, según él, no había nadie que fuera suficiente para mí, pero Josh llegó a mi vida y me enamoré a primera vista. Josh y yo teníamos lo que mamá y papá tenían, amor puro e incondicional  y era más de lo que había esperado. Lo conocí cuando entré a la universidad y estuvimos muchos años de novios hasta que ambos nos graduamos, yo de médica obstetra y él de pediatra. Hacíamos un equipo y eso era lo mejor, porque no solo éramos almas gemelas en la vida, sino también en lo profesional. Tal y como lo eran mamá y papá.

Ella se había graduado de profesora en letras cuatro años después de casarse con mi padre y enseñó todos estos años en una escuela de los barrios periféricos de Seattle, él mientras tanto era profesor de la Universidad en el postgrado de Literatura medieval. Ambos había entrelazado sus vidas de tal manera que  desde afuera, para quien los veía, parecía ambos se complementaban y de la manera en que se amaban, era increíble saber que un amor así podría existir y perdurar con la misma fuerza que es sus principios.

--… Alizé ¿me estas escuchando?—volví en mí cuando oí la preocupación de mamá.

--¿Qué?—acaricié mi vientre y cerré los ojos al sentir la nueva punzada de dolor.

--Tony y Maddy están en camino, enviaron un mensaje de texto a papá—

--¿Tony igual?—pregunté sorprendida. Mi hermano era el típico caso de dandy ausente, siempre en casa de sus novias o con sus amigos, papá había tenido sus importantes dolores de cabeza por él, al igual que mamá. Recordaba cuando él era adolescente, mamá esperándolo por horas su llegada y papá enojado con él por angustiar a mamá. Siempre un regaño, unos días de castigo encerrado en casa y luego a la conquista otra vez.

--Si, al parecer estaba en casa de una “novia”—dijo mamá conteniendo una risa.

--Mamá… las contracciones se están haciendo más intensas—murmuré con voz contenida –nos vemos en el hospital—casi rogué que me dejara cortar la llamada, a penas si podía hablar.

Cielos…

Seguí respirando bajo la mirada constante de mi marido, preocupado y ansioso. Él mejor que nadie sabía por lo que estábamos pasando, después de todo, juntos habíamos traído al mundo a unas cuantas docenas de bebés y estábamos más que entrenados para esto. Aunque ahora mismo me daba cuentas que vivirlo no es lo mismo que verlo como un espectador activo… oh dios! Cómo dolía!

--Mierda—dije entre dientes al sentir otra punzada en mi bajo vientre, la presión allí era increíblemente intensa, los músculos de mi útero se tensionaban de tal manera que me hacía rodar los ojos.

--Llegamos, llegamos—murmuró Josh rápidamente estacionando como pudo frente al hospital. Él bajó y corrió hacia adentro, no pasó mucho tiempo cuando una enfermera y mi marido vinieron corriendo hacia el auto, yo ya estaba bajando del auto.

Mamá y papá estaban en la puerta del hospital, él con su mano siempre en la cintura de ella, ambos nerviosos. Mamá me miró con lágrimas en los ojos y una enorme sonrisa, papá con preocupación. Ambos tan apuestos como siempre…

--Mi amor, todo estará bien—dijo mamá cuando estuvimos cerca de ellos,  papá tomó mi mano y la estreché con fuerza. Él siempre me daba fuerzas. Sentí un brazo sobre mi hombro y al mirar sonreí aliviada, los ojos castaños de mamá eran como un remanso de paz, ella ya había pasado tres veces por esto y entendía mejor que nadie este momento.

--¿Y el abuelo?—dije entre mis fuertes respiraciones

--Está en camino, el tío Emmett lo trae—asentí acariciando mi vientre, dolía tanto…

--¿Crees que nacerá pronto?—dijo alguien detrás de mí, aún concentrada en mi dolor sabía que era Maddy quien estaba allí. Mi hermana era una adolescente desenfadada e hiperactiva, era como tía Alice solo que una versión más joven.

--No lo sé… pero pronto estará con nosotros—dijo mamá. –Oh! Jasper llamó, vio el mensaje que envié más temprano y dijo que mañana a primera hora tomaban un vuelo a Seattle—

--¿Por qué les avisaste?—dije entre jadeos –la estaban pasando… tan bien—

Había visto las fotos del Cairo la semana pasada, estaban solos aprovechando que mis primos estaban en la Universidad para viajar por el mundo. El tío Emmett en cambio estaba en lo más prospero con su bufet de abogados y la tía Rose chocha con su primera nieta.

--Ahhgg— traté de ahogar mi gemido, pero fue imposible, la presión se hizo mayor y me doblé sobre la silla de ruedas a causa del dolor. Un par de manos me sostuvieron y unas palabras suaves resonaron en mis oídos,

--Calma cariño… eres mi guerrera princesa, se fuerte que ya falta poco—

--Papá… duele—jadeé tratando de incorporarme.

--Si, lo sé… pero sabes que se viene ahora y es una ventaja… conoces tu cuerpo cariño, solo obedece lo que la naturaleza demanda y todo irá más rápido—

Entramos a una habitación, solo papá, mamá y mi marido pudieron entrar conmigo. Papá con otro enfermero me pusieron sobre la cama de observación y Josh comenzó a manipular los monitores cardiacos para analizar el latido del bebé, totalmente en modo pediatra.

--¿Así lo tomaste cuando Maddy y Tony nacieron?—alcancé a decir antes de que mordiera mi lengua por un nuevo dolor.

Papá rio –Si tu madre te contara…-- él la miró con el infinito amor con el que siempre la miraba y ella, como si sintiera su mirada volteó a verlo –casi me vuelvo loco, literalmente loco. Me dolía escuchar el dolor de tu madre y quería que fuera el mío. Con Tony fue peor porque la cesárea se complicó…--

--El cordón alrededor del cuello de Tony- dijo mamá con una mueca al recordarlo, luego sonrió negando con la cabeza –siempre dando problemas ese Tony—ella estaba sacando de mi bolso algunos elementos de higiene que pronto tendría que usar.

--¡Ya estoy aquí!—Emma Willson, mi obstetra entró por la puerta poniéndose los guantes de látex, una sonrisa cruzó su rostro y supe cuáles eran sus pensamientos, ella era mi mejor amiga y esperaba tanto a este bebé como yo o Josh, porque sería su madrina. --¡qué emoción!—rio tontamente antes de ponerse en modo profesional. Llegó hasta mí y me preguntó lo básico, ¿desde cuándo estaba con dolores? ¿dónde dolía? ¿Cuál era la frecuencia? ¿si tenía alguna otra molestia? Luego hizo un tacto breve y sonrió de oreja a oreja mientras yo mordía mis dientes por la punzada fuerte de dolor en mi bajo vientre –9 cm de dilatación Ali, vamos a trasladarte a la sala de partos y vas a comenzar a pujar… ¿por qué no solicitaste la epidural?—
--Lo quería lo más natural posible— dije mirando a papá, tenía abrazada a mamá que lloraba de emoción, pronto tendría a su nieto en brazos.

Emma llamó a un par de enfermeros y luego de prepararme me llevaron a la sala de partos, Josh llevando mi silla y sin querer separarse de mí.

--Por favor tranquila mi amor—dijo mamá besando mi mejilla, acarició mi cabello y de repente tenía 5 años otra vez, como cuando tenía miedo y mamá me arrullaba hasta dormirme. Sonreí y le di un abrazo como pude antes de que papá besara mi frente y me pidiera que esté tranquila.

--Te amo princesa, todo saldrá muy bien, lo sé—dijo con mucho convencimiento.

--Quiero ver a mi sobri hermanita—Maddy estaba lagrimeando, algo que me sorprendió, pues ella no era una persona muy emocional que digamos.

--¡Esperen!—oí las pisadas en el corredor acariciando mi vientre tenso y adolorido, mi hermano Tony venía trayendo una silla de ruedas con mi abuelo Carlisle en ella. Y no pude resistir las lágrimas, él me miraba con mucha felicidad.

--No pueden llevársela sin que su abuelo le desee lo mejor—dijo antes de llegar a mí. Tomó mis manos y me morí de ganas de abrazarlo, pero en mi estado y con las sillas de obstáculo no pudimos, me conformé con besar sus manos y sonreírle llena de felicidad, la misma que irradiaba él.

--Te amo mucho Alizé y quiero ver pronto ese bisnieto… y tú me la cuidas—señaló con un dedo a Josh que llevaba mi silla de ruedas.

--Si señor--  dijo mi marido detrás de mí. Reí mirando al abuelo, papá tomó su silla y lo apartó para que Tony ahora me saludara.

--Vamos, ve… quiero a ese campeón para enseñarle algunos trucos--  mi hermano metió sus manos en los bolsillos y sonreí negando con la cabeza. Era tan parecido a papá… su cabello rebelde cobrizo y sus hermosos ojos verdes, con razón tenía muchas mujeres detrás de él. Era la viva imagen de mi padre, solo que en versión mujeriego.

--No sé… creo que lo mantendré alejado de ti—bromeé antes de doblarme del dolor. Josh me apartó de mi familia y alcé la cabeza lo suficiente para verlos en el corredor con sus rostros llenos de preocupación. Mamá en brazos de papá que besaba su cabeza.

Dios!... dolía tanto!

Josh estuvo en todo momento a mi lado, sosteniendo mi mano mientras Emma hacia su trabajo trayendo al mundo a mi bebé. Hice mis respiraciones rápidas y grité un poco más. Aullé de dolor e insulté a mi marido, él con su santa paciencia solo sostuvo mi mano besando mi frente y diciéndome cosas bonitas a mi oído.

Oí el llanto… y mis gemidos de dolor se convirtieron en gemidos de ansiedad, quería verlo. Las lágrimas saltaron de mis ojos y reí al mismo tiempo. Josh me dejó para ir a recibirlo de las manos de Emme y me lo trajo.

--Oh dios mío!—lloré al verlo. Era tan pequeñito y hermoso. ¡Un varón! –un varón Josh… oh mi amor, nuestro bebé—

--Lo sé cariño, lo sé—Josh rió entre lágrimas y se sentó a mi lado mirando a nuestro hijo que fascinantemente buscaba con su boquita sobre mi piel –quiere el pecho—

--Siente tu olor, te está reconociendo y quiere tomar, es su instinto primario—

Josh me ayudó a sacar un pecho para darle, nuestro hijo atrapó el pezón en un bocado y con casi desesperación comenzó a succionar. Dolía, pero el dolor no era nada comparado con la felicidad que sentía dentro de mi corazón.  Teníamos un bebé.

--¿Cómo lo llamaremos?—dijo mientras su mirada estaba absorbida completamente por el acto de darle de mamar a nuestro hijo.

Sonreí mirando a mi pequeño y susurré su nombre –Edward—miré a Josh que sonreí asintiendo –Edward Charlie—murmuré lamentando la ausencia del abuelo, él hubiese sido feliz de ver a su biznieto, pero un cáncer había terminado con él hacía ya cinco años.

Media hora después que lo hubieran revisado y que a mí me hubieran terminado de asistir, Josh me ayudó a sentarme en una silla de ruedas, podía permanecer sentada, por lo que podía ser trasladada a mi habitación sin una camilla. En cambio mi pequeño bebé tuvo que ser trasladado en su pequeña cunita pero a mi lado a insistencia de Josh.

En mi habitación Josh nos ayudó a acomodarnos en la cama porque Eddy quería una nueva tomada de pecho, cuando estaba tomando aferrado con sus pequeñas manitas a la solapa de mi camisón, se abrió la puerta y entró primero mi madre con mi padre y luego todos los demás, incluso tío Emmett y Rose estaban allí.

--Oh mira que preciosura de bebé!—tía Rose miraba totalmente encantada a Eddy y mamá  lo observó con  suma felicidad reflejada en sus ojos. Papá no podía dejar de sonreir y se acercó a sentarse a mi lado para verlo mejor,

--¿Cómo se llama?—preguntó tío Emmett mirando a mi niño y a mí alternativamente, sonreí feliz y miré a papá –Edward Charlie—

--Hija—susurró él sorprendido, abrió la boca para decir algo pero negó con la cabeza incrédulo. –Gracias cariño—

--Tú estuviste siempre ahí para mí, incluso a lo lejos en mis primeros años, pero siempre ahí… te amo papá—las lágrimas vinieron a mis ojos y si bien sabía que parte era por las hormonas jugando en mi cuerpo y en mis emociones, también era en gran parte porque realmente amaba a mi papá. Aún no padre de sangre, padre en todos los sentidos.

--Esto hay que celebrarlo!—gritó Tony desde la puerta, con un ramo de flores en una mano y con una botella de champagne en la otra.

--Tony!—gritaron todos

Reí junto a mi esposo y miré con gran deleite cómo en mi habitación se iba desplegando una gran celebración. Tía Rose acunaba en sus brazos ahora a mi hijo con mi madre a su lado acariciándole la mejilla y sin dejar de sonreír, papá estaba sacando un billete de cincuenta dólares de su cartera para darle a un insistente Tony, que daba sus argumentos del por qué él creía que esa sola botella de champagne no iba a alcanzar para todos, mi abuelo Carlisle estaba a los pies de mi cama en su silla de ruedas, leyendo el informe de mi historia clínica y del parto, cuidando como siempre que estuviera todo bien, Maddy seleccionaba ropita de bebé del bolso para cambiar a Eddy, buscándole ya un estilo y tío Emmett bromeaba con Josh diciéndole que un hijo siempre era dolores de cabeza tras dolores de cabeza y que lo compadecía.

Esta era mi familia, faltaban algunos que pronto volverían y otros que no lo harían, pero que estarían para siempre allí en mi corazón. Esta era mi familia y era la mejor. Entonces recordé una de mis canciones favoritas de cuando era niña y Disney coronaba mi vida, cuando era todo feliz y fácil  y me di cuenta de que era así como decía la canción, la misma que mi mamá le cantó una noche entre susurros y lágrimas a mi padre luego que se casaran. Me di cuenta que era allí donde uno encontraba la luz y el amor, el  lugar donde uno quería estar… y yo quería estar aquí… este era mi lugar.
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Luego de mucho tiempo al fin publico el epílogo de esta historia, no podía quedar sin un buen cierre y éste es el que me salió de corazón, espero les haya gustado. Gracias, mil gracias de parte de Ada y de mí por habernos acompañado, muchas gracias.


En este fic se incluyó muchas canciones de Disney y no podía dejar pasar esta que es mi favorita...