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Ofrenda
_Mierda!..._ desabroché mis
pantalones frenéticamente, no aguantaba más… no lo soportaba, si no lo hacía
cuanto antes iba a explotar en mis pantalones. _¿Cómo… carajo!..._ siseé entre
dientes, pequeños gemidos lastimeros salían de mi garganta, agónicos… lamentos
que reflejaban el dolor de mi pene erecto. _Maldita…_ gruñí cuando dejé caer
mis pantalones hasta los muslos y bajé mis bóxer que ya estaban manchados con
semen pre eyaculatorio, mi duro miembro saltó con las venas sobresaliendo en su
longitud y la cabeza tomando casi un color morado… _mierda, mierda… vaamoss_
gruñí entre dientes rodeando con furia mi pene con mi mano y comenzando a
bombear. Jadeé… Dios! Cómo la deseaba, tan mal… la deseaba ahora más que antes
tan jodidamente mal.
¿Qué mierda pasaba conmigo?
Cerré los ojos y abrí mis piernas
lo necesario adelantándome un poco en ese pequeño espacio de modo que la taza
del inodoro quedó entre mis piernas, dejando caer mi cabeza hacia adelante
apoyé mi frente en los azulejos blancos de la pared, jadeante como perro en
celo y dominado por una corriente excelsa de lujuria y deseo alcé mi camisa con
mi mano libre y empujé mis caderas hacia adelante envistiendo mi mano al ritmo
de mis movimientos… imaginando pobremente que ese era su coño, dulce, estrecho y
caliente… mierda, la deseaba!
_Sabella…_ gruñí imaginándome por
un momento sostenerla de esa cintura estrecha, sus pechos sacudiéndose con cada
una de mis envestidas y sus manos sosteniéndose sobre la mochila de agua de la
taza, mientras mi lengua se hunde en su ombligo adornado con ese puto piercing
que esta noche me encendió tanto. _Vamos bebé, vamos…_ mascullé entre dientes
mientras mi dedo pulgar apretada la cabeza de mi pene, estaba cerca, podía
sentirlo… la presión abrumadora y desesperante en mi bajo vientre, mis bolas se
pusieron duras y apretadas. Bajé mi mano libre a ellas y las masajeé
imaginándome que era su mano la que lo hacía… _Mierda, maldita… maldita… me
corro_ gemí apretando mi mano en mi pene, llevé un dedo de mi otra mano un poco
hacia atrás hasta alcanzar mi perineo y acentuando la caricia en círculos allí
con mi dedo mayor… _Oh!_ dejé caer la cabeza hacia atrás apretando los dientes,
casi desencajando mi mandíbula… bombeé varias veces más mi pene junto con ese
pequeño lugar hasta que sentí el semen corriendo por mi longitud como lava
caliente y explotando en un increíble orgasmo. Gruñí como desquiciado mientras
los chorros calientes de mi semen se disparaban sobre la taza haciendo un lio…
estaba enceguecido, juro que vi las putas estrellas.
Cuando terminó mi pene de sacudirse
y eyacular, me dejé caer sobre la pared lateral de ese pequeño lugar, jadeante,
mojado por mi sudor, delirante y ligeramente más sobrio. Con solo un rostro en
mi mente… el rostro que se había atrevido a rechazarme esta noche.
Una sonrisa se extendió por mi
rostro… y cómo me había rechazado señores! Si antes estaba caliente con
Sabella, ahora mi obsesión con ella había crecido a límites insospechados.
Unos minutos pasaron lentos allí
mientras mi respiración se acompasaba y trataba de restablecerme, juntando mis
pedazos que habían estallado con mi propio orgasmo. Subí mi pantalón luego de
guardar mi miembro flácido dentro de ellos y acomodé precariamente mi camisa,
reí ligeramente mientras salía de ese pequeño baño, había hecho lo que los
hombres en ese club hacían luego de ver a Sabella bailar.
Pero fue inevitable, no pude
soportar… ella se fue y lo primero que hice luego de volver de la perplejidad
en la que ella me había llevado, fue salir pitando hacia el baño y hacer lo que
acababa de hacer. Cuando abrí la puerta del baño y salí, uno cuantos tipos
estaban allí esperando en la fila, tipos que me miraron con la pregunta hecha
en la cara y otros con reprensión… si, claro… cómo si ellos no fuesen a ese
baño a masturbarse como lo había hecho yo. De seguro habían oído mis gruñidos y
otros sonidos bonitos.
_Cúlpenme!_ grité alzando las manos
mientras caminaba hacia mi mesa, los miré sobre mi hombro _igual se las dejó
dura… ¿he?_ reí negando con la cabeza.
Llegué a mi mesa y tomé mi saco que
colgaba del respaldo de mi silla, sentía los ojos de uno de mis compañeros de
esta noche, cuando alcé mi mirada Jasper estaba con sus ojos celestes fijos en
los míos.
_¿Qué?_ bufé poniéndome mi saco.
_¿Ya te vas?_ murmuró antes de
tomar un sorbo de su wisky. _Ya no hay nada que te interese ¿no?_
Desvié mi mirada hacia Alec, mi
cuñado, él estaba hablando a carcajadas con Ben, por lo que no me reprimí a la
hora de contestarle a mi amigo.
_Lo único que me interesaba se
acaba de ir_ murmuré inútilmente, recordando que minutos atrás fui
descaradamente explicito cuando caminé hasta ese bar a seducir a una Sabella no
tan dispuesta. Mis amigos eran discretos, podía confiar en ellos, pero Alec…
era mi cuñado, el esposo de la hermana de mi prometida. ¿Podía acaso confiar en
él? Simplemente su relación con Jane era muy estrecha, cómplices diría yo tal
cual lo eran mi hermana y Jasper… temía que le contara que me calenté con una bailarina
y ella se lo trasmitiera a Heidi. No debía arriesgarme.
_Bien… que duermas bien_ sonrió
burlonamente alzando su vaso de wisky, el hijo de puta sabía lo que esa mujer
hacía en mí, él sabía que esta noche para mí dormir se iba a ser difícil, mucho
más si los sueños eróticos con esa maldita volvían a perturbarme.
Mierda.
Cuando me despedí de todos me
encaminé hacia la barra donde ella había estado media hora atrás. Su jefe… o
más bien amigo o quién sabe qué más, estaba allí secando un par de vasos ¿Qué
no era el jefe?. Cuando su mirada captó mi presencia, la sonrisa que había
estado esbozando cayó ligeramente… bien, aquí vamos.
_Hey!_ dije acercándome a la barra,
él se acercó a mí con una sonrisa tan fingida como los gemidos de mi novia en
plena follada. _Jacob Black... a quién buscaba._
Él alzó una ceja y rió ligeramente
negando con la cabeza _¿En qué puedo servirle Señor Cullen?_
_Bueno… resulta que hablé con
Sabella, pero idiota yo… que no anoté su número telefónico_ golpeé mi frente
con mi perfecta actuación de hombre olvidadizo _ella me lo dijo y no puedo
recordarlo, por favor Jacob… ¿puedes repetírmelo así esta vez lo anoto en mi
celular?_
Y vi su puta mirada "a mí no
me engañas" luego de tan solo unos segundos. Mierda… lo comprendía, hasta
yo mismo me daba cuenta de que me estaba convirtiendo en un mentiroso, maníaco
sexual y bebedor compulsivo cuando se trataba de Sabella… ¿por qué?
Él rió una vez más alzando una ceja
oscura, _Señor Cullen, creí que le había quedado claro el pedido de B… Sabella,
en no querer que se intervenga en su intimidad. Yo al menos como su empleador…
lo entiendo_
Mierda…
_Bien, yo también lo entiendo
Jacob, por supuesto que lo entiendo, ella me lo dejó muy claro esta noche,
pero… mierda_ rastrillé mis dedos por mi cabello _solo dame su número, solo…
quiero disculparme por mi estupidez, pon un número si quieres lo que sea… pero
lo necesito_
Él alzó ambas cejas _¿Nuevamente
con la intención de poner dinero de por medio?... Señor Cullen, pensé que ella
le había dejado claro que no estaba a la venta, ni su presencia, ni su
intimidad ni ella…_
_Mierda sí, lo sé_ agaché mi cabeza
y abrí las palmas de mis manos sobre la madera de la barra, las empuñé y golpeé
la madera con frustración. _Dame el número Jacob Black, te aseguro que no
quiero más que disculparme y comenzar de cero con ella, no soy un enfermo…_
aunque lo pareciera, rebatí por dentro _solo quiero disculparme, puedo
asegurártelo, te lo juro…_
Él me miró por un momento y suspiró
casi resignado… casi.
_Lo siento Señor Cullen, si quiere
obtener el número de Sabella va a tener que pedírselo a ella misma_
Jodida puta madre!
Respiré profundo y dejé caer la
cabeza hacia adelante. ¿Por qué esta mujer se me estaba haciendo tan difícil?
¿Por qué si era una simple bailarina? ¿A caso no era como otras que osaban
acostarse con millonarios excéntricos solo para obtener un buen recaudamiento
económico? ¿Por qué ella era diferente? ¿qué la hacía tan especial como para no
querer aprovecharse de la situación? Estaba dispuesto a pagarle si ella no se
ofrecía voluntariamente a mí esta noche, estaba más que dispuesto a firmar un
cheque por el jodido número que ella pusiera, podía hasta darle la combinación
de mi caja fuerte en el banco de lo tan caliente que me encontraba… ¿por qué
ella solo no lo había aprovechado como cualquiera lo haría?
Porque ella te había demostrado en
sencillas palabras que era diferente Cullen.
Pero… ¿por qué?
Cielo santo, de repente quería
saber de ella, quería saber de su vida, quería conocerla, quería entablar una
conversación con ella, quería follarla más que nada… pero también conocerla.
Quería verla de nuevo con un demonio.
_Dime Jacob al menos… dame una
pista… ¿Es Sabella su verdadero nombre? ¿Algún otro lugar donde ella baile?
¿algún otro día en el que ella baile? ¿su número de calzado? ¿su puto color
favorito!_
Él cerró los ojos visiblemente
exasperado y una sonrisa de quiso revelar en mis labios, la supe mantener
escondida. Alzó su cabeza y me miró con determinación, no tuve que ser adivino
que algo iba a ganar…
_No es Sabella su verdadero nombre,
es bailarina exclusiva de "Enigma" y solo actúa los sábados, su
número de calzado es 7 y el azul la vuelve loca… no diré nada más de ella y si
me permite decirle algo más de ella…_ él se acercó más a mí con sus ojos fijos
en los míos y su mandíbula apretándose fuerte _ella no es una puta… usted ni
siquiera tiene una leve idea de lo que ella es_
Exhalé el aire que estaba
reteniendo ante la expectativa y asentí tranquilo. Bien… no iba a obtener más
que esas escuetas respuestas, eso estaba claro… pero no me iba a rendir, de eso
estaba seguro.
Salí de ese bar como si el diablo
me llevara, no quería desquitar mi frustración con ese hombre que estaba visto
a leguas, que la protegía. Y se lo agradecía… tal vez yo no era el único hombre
totalmente seducido y desbocadamente obsesionado con ella que preguntaba sobre
su número o que pedía arrogantemente hablar con ella. Algo que, al pensarlo, me
desquició. Apreté los puños sobre el volante de mi Aston… de solo pensar en
otros hombres en la misma posición en la que me encontré con ella hoy
despertaba mi más oscura necesidad de golpear a alguien, de romperle la cara,
de matarlo.
_AAH! Mierda Sabella! ¿Qué putas me
estás haciendo maldita?_ grité desquiciado mientras aceleraba en las calles de
Chicago alejándome del único lugar en el que mi deseo bullía como ríos de lava
caliente y blanda… solo por una bailarina.
No hubo masturbación esa noche de
sábado cuando llegué a mi penthouse, no tuve fuerzas más que para sacarme la
ropa y dejarla donde tuviera la suerte de caer y meterme debajo de mis sábanas
de seda blanca, cerrar mis ojos y perderme nuevamente en sueños malditos donde
una diosa de cabellos castaños y ojos verdes me tentaban, me seducían al punto
de volverme loco.
¿No era sacrilegio follar con una
diosa? ¿no era suerte de elegidos acaso? Eyacular dentro del vientre de una
mujer como ella ¿no era la mejor de las suertes?... ya lo creía que si… y yo
quería follar a esa Diosa. Quería marcarla e inundar sus entrañas de caliente y
blanco semen… una y otra vez.
Conduje ese domingo al mediodía con
la cara fruncida por el dolor de cabeza, Heidi por supuesto de había encargado
de activar mi alarma a las diez de la mañana y había sido un tremendo esfuerzo
levantarme de esa cama en la que tan deliciosamente estaba soñando con cierta
castaña. Tomé un sorbo de mi agua mineral tratando de calmar la jodida sed que
tenía desde que me levanté y acomodé mis Raybands sobre mi nariz, la mansión de
los Vulturi apareció a la vista mientras atravesaba uno de los barrios
residenciales más exclusivos de Chicago, el Golden Coast. Sin duda los ricos
más ricos tenían su pedazo de cielo en ese lugar, la belleza arquitectónica con
la que me topaba cada vez que visitaba a mis suegros era abrumadora y me hacían
pensar en un futuro dedicarme a arquitectura social… aunque por ahora prefería
quedarme con la pública, de esta manera las obras arquitectónicas eran
valoradas y mantenidas con su fachada y utilidad inicial.
Mi Aston Vanquish se desvió hacia
una de las residencias mas magnificas de ese lugar, la residencia Vulturi. Era
una mansión que databa del siglo XIX, tras una sucesión de generaciones, los
padres de Heidi la habían heredado en precarias condiciones, esto quedó atrás
cuando luego de una inversión muy costosa, Aro y Sulpicia Vulturi la renovaron
hasta el punto de combinar perfectamente la arquitectura del siglo XIX con la
moderna. Era una mansión victoriana blanca en su totalidad, las ventanas habían
sido cambiadas por amplios ventanales de marcos de mármol con jardines
colgantes desde donde las plantas trepadoras estaban comenzando a cubrir parte
de las paredes blancas, lo cual le daba un toque bastante personal. Los
jardines de Sulpicia coronaban esa fabulosa mansión, la vista una vez que se
traspasaba la reja de seguridad era envolvente, ella contrataba jardineros
profesionales para mantener las hectáreas con las que contaba las extensiones
del terreno, con exquisitas plantas exóticas y una amplia variedad de flores y
árboles. Una interesante fuente de agua que imitaba un manantial me recibió en
la entrada cuando seguí el camino adoquinado con mi Aston. Rice, uno de los
choferes de la casa, salió a recibirme mientras bajaba de mi auto, le entregué
las llaves y luego de un respetuoso saludo subí las escalinatas del porche para
entrar a la casa de mi futura familia política.
_Mi amor!_ la voz de Heidi me hizo
apretar mis dientes, Dios… no me había dado cuenta que era tan… aguda. Sus
taconazos me indicaron hacia dónde mirar, ella venía bajando las escaleras de
mármol con sus tacones de quince centímetros. _Llegaste!... mi padre te estaba
esperando junto con Alec, están en su despacho jugando ajedrez._
Mierda, ajedrez, amaba ese juego de
mesa cuando era niño, pero mi suegro me hizo odiarlo luego de hacerme jugarlo
por tres años cada domingo.
_¿Cómo la pasaste anoche cariño?_
ella se colgó de mi cuello y mis brazos la tomaron de la cintura. Sus labios
rápidamente tocaron los míos pero solo un monosegundo, porque cuando yo estaba
dispuesto a violar su boca con mi lengua ella se alejó con la nariz arrugada. _Edward!...
¿Cuánto alcohol tomaste anoche? Por Dios… tu hígado se está fermentando allí
adentro_
Rodé los ojos por tal exageración,
si antes de salir de casa me había tomado litros de agua, me había lavado los
dientes dos veces y estuve en la ducha hasta que mi piel se asemejaba a uvas
pasas y mastiqué goma de mascar de menta porque sabía que mi novia iba a
encontrar algo. Creo que su olfato era muy fino.
_Heidi nena, no comiences ¿si?...
tomé un par de tragos junto a mis amigos, perdón si aún huelo alcoholizado pero
te aseguro que estoy cien por cien lúcido y muy sobrio, ahora… ¿podrías besarme
como una novia cualquiera besa a su novio?_ levanté las cejas exasperado.
Ella siguió mirándome con su
entrecejo fruncido y su nariz arrugada, sus brazos cruzados sobre sus pechos y
una mueca rara en sus labios. Estaba a punto de dar media vuelta sobre mis
talones y buscar a mi suegro para someterme a otra partida de ajedrez cuando
ella respiró profundo y se acercó a mí.
_Te amo mi vida, por supuesto que
te voy a besar… con la condición que no bebas tanto la próxima vez cariño, no
me gusta besarte y sentir que estoy besando el suelo de un bar de mala muerte…_
sus manos acariciaron mi pecho y una sonrisa tranquila adornó sus labios, cerré
mis ojos cuando ella se acercó y sus labios revestidos por una capa de algo
pegajoso y sabor de melocotón tocó los míos. Los besos de Heidi eran, sin
apelar a otra palabra más cruel, simples, sencillos y sin esfuerzos, sus labios
eran finos y la mayor parte del tiempo revestidos de esa sustancia que lejos de
hacerlos apetecibles para mí, era molesto pero podía tolerarlo fácilmente,
sería el colmo que me sintiera incomodo al besar a mi novia y futura esposa.
Eran los labios que tenía que besar hasta el fin de mis días y trataba de ser
lo más tolerante posible, pero insistía… sus besos eran insípidos.
Su lengua se mantuvo dentro de su
boca, tímida y esquiva y cuando ella se quiso retirar mandé todo por la borda,
tomé su rostro con ambas manos y la acerqué a mí abriendo sus labios con mi
lengua para poder sumergirla en su boca. Ella se quejó pero no la solté… puta
madre! Era mi puta novia y quería que me besara como Dios mandaba ¿qué tan
difícil era eso para ella?
Creo que toqué su paladar con la
punta de mi lengua y choqué mis dientes con los de ella, cuando la empujé
contra la pared más cercana empujé mi cadera contra las suyas para mostrarle la
erección con la que había despertado esta mañana soñando con otra mujer. Oh
cielos… besar a Sabella… sus labios regordetes y rosados, sin una pizca de
ningún producto de belleza ¿cómo sabrían? Oh mierda quería besarla y sacarme la
duda, apagar un poco el deseo. Chupé la lengua de mi futura esposa y envestí su
centro cubierto por ese vestido gris, con mi duro pene necesitado. Pronto sentí
sus manos en mi pecho empujándome lejos de ella.
_¿Qué diablos Edward?_ ella me
miraba enfurecida, secándose los labios con sus dedos y el dorso de su mano,
nuestras respiraciones estaban agitadas y mi erección me estaba matando. Quería
follar… quería follar ya.
_Vamos a tu habitación_ dije por lo
bajo mirándola con hambre, mis manos a cada lado de su cabeza contra la pared.
_Estás loco… mi padre te está
esperando y pueden escuchar, a demás no es hora.
_Deja de joder con hora apropiada,
quiero follarte y quiero hacerlo ahora, vamos…_ tomé su mano y caminé unos
pasos hacia la escalera cuando ella se soltó abruptamente. Cuando la miré sus
ojos estaban abiertos desmesuradamente tanto como su boca _¿qué?... ¿acaso no
puedo follarme a mi jodida novia?_ susurré con rabia.
_Edward_ susurró sorprendida _¿qué
te pasa? Nunca me hablaste así, no soy tu jodida novia, soy tu prometida, tu
futura esposa ¿asi me tratas?_ reprochó con justa razón. Mierda… ¿qué carajos
estaba haciendo? Cerré los ojos y con respiraciones profundas y acompasadas
traté de calmar mis malditas ansias, no podía faltarle el respeto así, ella era
una mujer respetable y no se merecía esas palabras obscenas y tan bajas. Cuando
abrí los ojos vi los suyos inundados en lágrimas y mi remordimiento creció cien
veces más, me acerqué a ella y la abracé con ternura… lo que ella se merecía.
_Perdóname mi amor, perdóneme… no
sé qué me pasó_ un ferviente deseo no satisfecho… eso pasó, pensé con el rostro
de esa bailarina que me hacía ponerme así, en mi mente _lo siento cariño_ besé
el tope de su cabeza _me sobrepasé sin pensarlo amor, discúlpame _
_¿Qué sucedió anoche Edward?_
murmuró ella separándose de mí, sus ojos azules clavados en los míos me
interrogaban suspicazmente _el sábado pasado igual viniste a casa algo sobre
excitado ¿qué sucede los sábados a la noche Edward?_
Por un segundo, solo por un segundo
mi rostro se petrificó y juro que mi sangre desapareció de mi cuerpo matando
instantáneamente mi erección, pero con gran esfuerzo me recuperé negando con la
cabeza y luciendo una de mis sonrisas de lado.
_Amor, nada en especial sucede los
sábados a la noche. Unos tragos con amigos en ese club exclusivo del que te
hablé y nada más… ¿qué más podría ser?_ murmuré sin poner mayor interés para
luego dejar un beso suave en sus labios y acariciar su mejilla. Su mirada
persistió en la mía un poco más hasta con otra voz me salvó de los
cuestionamientos y sus dudas… esta vez bien fundadas.
_Edward querido!_ volteé hacia el
corredor al escuchar a mi suegro acercándose con un Alec bastante pegado por la
resaca que para nada disimulaba. _Al fin has venido, Alec aquí no está
dispuesto a darme batalla hoy y está dejándome ganar… y sabes que no me gustan
los contrincantes fáciles_ reí ante su comentario y separándome de mi novia fui
al su encuentro con mi mano extendida, él tomó mi mano saludándome y palmeando
mi hombro con la otra mano libre.
_Aro… Alec creo que dejó la otra
mitad de su cerebro en su almohada y es aún más inútil que de costumbre_ bromeé
ganándome el dedo del medio de mi cuñado que me miraba sobre el hombro de mi
suegro. Aro rió abarcando mis hombros con uno de sus brazos y comenzando a
caminar por el corredor de pisos de mármol hacia el gran comedor de la
residencia.
_Me han dicho que un grupo de
inversionistas japoneses están a punto de contratar a tu equipo para un
proyecto bastante impresionante en Tokio ¿no es así?_ preguntó mientras Heidi
tomaba mi mano disponible entrelazando sus dedos con los míos, la miré por un
segundo y el alivio inundó mi cuerpo cuando vi esa sonrisa orgullosa y
presumida como la que adornaba su rostro en cada una de las fiestas que su
familia realizaba o cualquier evento en los que ella me acompañaba tomada de mi
brazo.
_Así es Aro, Wonghlan es el grupo
japonés que está considerándonos para un tamaño proyecto en Tokio, si se firma
y se aprueba será un gran logro de mi equipo, nos dará renombramiento no solo
nacional, sino también internacional… no es para tomar a la ligera y estamos
trabajando con ahínco en ello así como también lo estamos haciendo con el
estadio en Londres._ dije con orgullo, amaba mi trabajo y lo transmitía
involuntariamente en cada palabra que salía de mi boca que se refiriese a ello.
Aro sabía aquello y lo apreciaba, de hecho, él era uno de los principales
inversionistas en mi actual proyecto, el Spire Chicago.
_Es bueno oír eso Edward ¿cuándo
les dará el visto bueno el Comité Olímpico para comenzar con el estadio?_
preguntó mientras se sentaba en la silla de la cabecera de la mesa, me senté a
su lado y Heidi lo hizo al mío, Sulpicia entró acompañada de mujeres del
servicio que traían los platos que hoy íbamos a degustar, Alec escuchaba atento
desde su silla y Jane, su mujer y hermana de mi prometida, estaba sentada a su
lado escribiendo en su celular.
_Bueno, primero el comité recibirá
a los cinco grupos arquitectónicos que están en el concurso y cada uno
tendremos que hacer nuestras exposiciones, cuando decidan qué grupo será el
encargado de realizar la obra lo convocarán nuevamente para que sepamos el
plazo, el presupuesto y las condiciones. Aún no confirman la fecha de las
exposiciones, pero será dentro de dos meses a lo sumo…_ ante mí alguien colocó
un plato que expedía un suculento olor.
_Foi gras de Oca, querido_ anunció
Sulpicia _acompañado con un timbal de manzanas y arroz oriental… espero lo
disfrutes_
_Mmm… Sulpicia, estas
malacostumbrando a mi paladar_ dije cortando una porción de esa delicia
extravagante.
_Bueno amor, vas a tener que
acostumbrarte a la alta cocina, cuando nos casemos no habrá más cocina
delivery, ni pizzas, ni comida recalentada o chatarra como en tu apartamento
suele haber_ dijo mi prometida riendo dejando un beso en mi mejilla.
_¿Y vas a cocinar tú?_ pregunté
casi con sorpresa, ella rodó los ojos…
_Por supuesto que no!_ dijo
consternada como si cocinar fuera… revolver las manos en la basura _mamá nos
prestará a una de las mujeres de la cocina ¿no mami?_ preguntó a Sulpicia, que
masticaba casi sin mover su boca. Luego de tragar, tomar un sorbo de agua y
limpiarse las esquinas de sus comisuras con la servilleta blanca impoluta que
alzó de su regazo, ella respondió.
_Claro cariño, una Vulturi no
comerá cualquier basura_
_Así que vete despidiendo de todas
esas cosas grasientas_ dijo mi novia saludando con su mano.
_Oh ese es una característica de
todo hombre soltero_ Jane señaló mientras Alec rodaba los ojos _aquí mi amor
era el experto en dejar cajas de pizzas regadas por todo su penthouse ¿verdad
querido?... cuando lo conocí no parecía el hogar de un joven egresado de Yale
con honores, sino de un pobre pordiosero_ Alec rió negando.
_Me obligaste a ir a dejar las
cajas a un callejón en el Gran boulevard_ dijo Alec con un tono particular,
parte de reproche y parte divertido.
_Bueno… hiciste una obra de caridad
amor… a alguien le iba a servir de techo ¿no?_ dijo Jane desdeñosamente. Todos
en la mesa rieron menos yo.
Pertenecer al círculo Vuturi,
conllevaba aparentar ser generoso y buen caritativo, de hecho Sulpicia era
anfitriona en varias galas de caridad y organizadora de dichos eventos, esa era
la imagen que les encantaban proyectar. Pero en el ámbito interno las cosas
pasaban por otro lado y ese espíritu caritativo que solían mostrar no era más
que eso, una proyección. Yo iba a pasar a formar parte de esta familia y no
deseaba que mi esposa solo fuera una proyección, quería que ella fuera real…
realmente compasiva, realmente preocupada por los menos favorecidos, avocada a
ayudar desde su lugar privilegiado… pero yo sabía de alguna manera que ella no
era eso. Tal vez nunca lo sería. Y ansiaba su cambio cuando tuviéramos nuestros
hijos, no quería tal ejemplo ni tales códigos en ellos, no quería que fueran
una proyección, quería que fueran personas de códigos y moral, no faltos de
ellos.
Heidi había nacido en una cuna de
oro, nunca tuvo necesidades y nunca las iba a tener y era eso por lo que la
hacía pensar así como Jane o como su propia madre, ella había ido a una escuela
prestigiosa y había estudiado una carrera cómoda porque sabía que en la vida
todo se le iba a dar servido en bandeja de plata. En cambio yo había alcanzado
el éxito sin olvidar el sacrificio que mis padres habían hecho para que yo
pudiera lograrlo, mi padre como cirujano en un hospital público, mi madre como
decoradora de interiores que con los años fue afianzándose en el ambiente,
ambos apoyándome mientras transcurrieron mis estudios, ambos orgullosos allí
mientras recibía mi título en Yale y luego en Manchester cuando fui becado para
el postgrado.
Yo era exitoso ahora, tenía más
dinero en el banco del que pudiese gastar en una vida… tal vez me haría falta
cinco vidas para poder derrocharlo todo, sin embargo y a pesar de eso… yo sabía
como lo había logrado, con esfuerzo, perseverancia y un gran sacrificio de
parte de mis padres. Heidi… no sabía lo que era el sacrificio, no sabía lo que
era pasarse noches en vela estudiando para aprobar una materia y no tenerla que
repetir, no sabía lo que era renunciar a ciertas cosas por lograr otros
objetivos más ambiciosos y más prometedores… y ese era uno de los pocos
defectos que tenía mi novia, solo esperaba que cuando nuestros hijos vinieran
no se contagiaran de su soberbia.
Luego del almuerzo que tuvo como
coronación un postre igual de extravagante como el plato principal, helado de
trufa Perigord en capas con un glasé real y manjar de chocolate. Muy dulce para
mi gusto pero algo que no desprecié, no me atreví cuando Sulpicia comentó que
tal postre fue uno de los elegidos entres los diez postres más caros del mundo
según la revista Forbes… mierda, ni siquiera quería saber cuánto salía esa
trufa que me tragué de la sola impresión. No sabía por qué me parecía tan
extravagante si yo había hecho uso a veces de mi dinero para pedir platos y
vinos aún más caros. Fuimos con Aro y Alec a terminar la fallida partida de
ajedrez que mi cuñado no pudo terminar.
_¿Al final pudiste hablar con esa
bailarina anoche?_
Casi escupí el vermú que tenía en
mi boca cuando Alec me preguntó eso. Miré a mis lados buscando a Aro, él estaba
alejado de nosotros mientras se servía una copa en su mini bar, una pieza de
tango instrumental sonaba por los parlantes estratégicamente ubicados en la
sala de lectura en la que estábamos.
_¿Por qué me preguntas eso?_ dije
acercándome ligeramente a mi cuñado,
_Porque sé que estabas con una
calentura de la puta madre en ese bar mientras ella se restregaba contra ti… no
eras nada discreto déjame decirte_ oh mierda, cerré los ojos y me dejé caer de
espaldas al respaldo de la silla, en ese momento comprendí que había descuidado
muchas cosas anoche… es que parecía que cuando ella aparecía en mi campo de
visión, no podía controlarme y todo lo demás carecía de importancia para mí _no
eras el único en ese estado créeme… Newton se levantó detrás de ti cuando te
acercaste a ella, pero Jasper lo hizo volver a la mesa_
Suspiré resignado mientras
refregaba mi rostro con ambas manos, la había cagado al no ser discreto…
mierda! _Por favor Alec, no digas una sola palabra a Jane_ pedí patéticamente
pensando en que mi cuñadita iría con la noticia a mi prometida, no podía dejar
que eso sucediera.
_Hey!... ¿por quién me tomas? ¿y
por qué Jane?_ dijo él intrigado.
Porque eres un puto marica
chismoso…
_Porque le cuentas todo. Se nota
que se tienen confianza entre ustedes_ dije molesto.
_Hombre… ¿eso crees que soy? Bueno,
si… le tengo confianza a mi mujer, pero no soy tan estúpido para contarle ese
tipo de cosas. De mi boca no saldrá nada_ aseguró antes de tomar un sorbo de su
copa de vino. _pero… ¿sucede algo con esa Sabella? Sé que no te la llevaste a
ningún lugar, ¿pero tienes esas intenciones?_ rió negando con la cabeza _no
vendría nada probar ese bocadito, más de uno de nosotros quiere probarlo y
créeme… no estaría mal como despedida de soltero ¿no crees?, no costaría más
que unos cientos de dólares follartela_
Apreté mis dientes y miré el vaso
de liquido ambarino en mi mano, está bien… yo había pretendido hacerlo si ella
no aceptaba en primer lugar, pagar por tener sexo con ella, pero bien me dejó
claro que no es de "esa" clase de bailarinas, ahora… qué mi cuñado y
amigo me dijera lo mismo que yo había pensado añadiendo el hecho de decir que
deseaba probarla… mierda, me enfureció a límites insospechados.
Era MI Sabella, MI fantasía y la
única mujer que luego de tres años había entrado en mi mente para ocupar el
lugar protagonista en mis fantasías más perversas.
No dije nada ni repliqué, después
de todo no tenía nada de malo que él deseara a una bailarina que bailaba casi
desnuda frente a nosotros cada sábado… de seguro yo no era el único puto hombre
que se masturbaba pensando en ella mientras en su cama esperaba una novia o una
esposa.
Aro llegó con su copa y se sentó
frete a mí dispuesto a comenzar con su partida de ajedrez.
_¿Han puesto fecha ya para la boda
Edward?_ preguntó tomándome desprevenido. Él hizo un movimiento en su lado del
tablero adelantando dos lugares un peón,
_Hum… en mas o menos cuatro meses
más, Heidi aún no pensó en la fecha exacta, todo está a confirmar, incluso el
hotel donde nos hospedaremos en Nápoles… todo depende de lo que diga el comité
olímpico y las fechas de inicio de la obra._ tomé el caballo y salté dos
lugares ubicándome estratégicamente cerca de uno de los peones.
_Bien, cuando tengan la fecha
exacta házmelo saber por favor… quiero regalarles algo y necesito confirmar la
fecha para ese entonces_ dijo mirando calculadoramente el tablero a través de
sus lentes que colgaban precariamente de la punta de su nariz, luego de pensar
con ahínco su jugada, movió el alfil tragándose un peón de los míos y mi
caballo. _creo que tampoco estas con todos tus cinco sentidos puestos ¿he?_
_Lo siento Aro… no preví esa
jugada_ mascullé dejando caer mi espalda hacia atrás y tomando un sorbo de mi
vermú. Esa tarde Aro me ganó dos partidas más… solo cuando Heidi fue a buscarme
al saloncito fue que pude librarme de los dedos de Aro para someterme a mi
novia y una tarde de té con su hermana y madre en los jardines de la
residencia.
La semana se suscitó rápidamente
para mí, cerrando con broche de oro el miércoles con la firma tan esperada del
grupo Wonghlan para invertir en uno de los proyectos más importantes en Tokio
para el 2010. Se trataba de un diseño arquitectónico que conjugaba una visión
futurista de la mano de la seguridad contra sismos y una obra que rivalizaba
con las reglas de la aerodinámica. Sería la futura nueva Universidad en Tokio
donde funcionaran tres facultades principales, albergará la escuela profesional
de moda, la escuela especial de Tecnología superior y Diseño y el colegio
Médico. Un proyecto que me obligaría a acelerar la construcción en mi ansiado
Chicago Spire y prepararme para discernir mis tiempos si el comité olímpico nos
daba la construcción del Estadio de Wembley. Pronto en mis manos tendría más
trabajo del que me podría imaginar y no podía estar más feliz con ello.
Para salir a festejar esta nueva
adquisición de proyecto salimos los cuatro fantásticos a almorzar a Pizano´s en
pleno centro de la ciudad, con esta amenaza explicita de que no iba a poder
comer más pizas cuando me casara… quería aprovechar… mierda, ¿por qué me sentía
como si fuera un prisionero con los días contados en vez de sentirme glorioso y
ansioso a unir mi vida con la mujer que quiero?
Resulta que Pizano´s estaba a unas
cuadras de "Enigma" el club de Jacob Black y por una fracción de
segundo se me ocurrió ir hacia allí como si de un imán se tratara. Pedimos una
variedad de pizas y unas cervezas, comí porciones de piza de portobellos y no
pude resistirme a ordenar una porción de pollo a la Marsala, brindamos con
cerveza y para la sobremesa pedimos café spreso. Hacía mucho que no pasábamos
un almuerzo tan agradable, siempre preocupándonos por los proyectos y visitando
las diferentes obras que nos partían la cabeza día y noche, Jasper estaba
orgulloso de haber comenzado con su primer proyecto independiente a The four,
él estaba trabajando en una residencia para estudiantes de la Universidad de
Chicago y como su amigo y cuñado yo lo apoyaba en todo, incluso cuando me pedía
consejos a la hora de diseñar y considerar los materiales. Emmett por su parte
estaba trabajando en su propia casa, Rose, mi hermana era una de esas chicas
que se dedicaban a cuidar el medio ambiente como profesión, ella había obtenido
el título de Licenciada en Medio ambiente y él estaba haciendo su casa ideal
para mudarse de su apartamento a una casa real, una casa ecológica. Querían
tener hijos, agrandar a la familia, mi madre no podía estar más eufórica por
ello y mi hermana Alice deliraba. Y finalmente Ben era el único que aún no
había abierto sus alas para trabajar en proyecto personal, se sentía seguro y
satisfecho en The fours y no podía culparlo, los proyectos que teníamos
adelante eran millonarios y ocupaban la mayor parte de nuestro tiempo.
_Chicos… Rose me espera_ dijo
Emmett sobándose el estómago, creo que fue el que más piza comió y se terminó
mi pollo a la Marsala que no había podido meter en mi estómago.
_Yo igual me voy, tengo un juego de
futbol americano por ver con mi padre, no vemos mañana_ Ben se levantó de la
silla tirando sobre la mesa unos cuantos billetes, palmeó mi hombro a modo de
saludo y se fue parando un taxi.
_¿Será que es un juego con su
padre? Mucha prisa para ser eso…_ rió Jasper.
_Ya nos enteraremos, Ben suelta
pista a la larga_ respondió Emmett tomando su saco de la silla para
colocárselo. _Hey Eddy ¿vienes a casa con nosotros o vuelves al estudio?_
_No me llames Eddy, Emmy… no, me
voy a mi departamento, aprovecharé la tarde libre para terminar algunos
detalles del Cocoon._ así se llamaba la torre que debíamos hacer en Japón.
_Deja de trabajar hombre, ve a ver
a Esme… te extraña_ Jasper alzó las cejas y asintió de acuerdo con Emmett.
Respiré profundo, someterme a mis hermanas que cada vez que las veía era para
dejar suelta sus lenguas bípedas para hablar mal de Heidi, pero luego estaba mi
madre y era verdad, hacía mucho que no la veía… y la necesitaba al menos para
decirme con sus sabias palabras que estaba haciendo las cosas bien, que no me
estaba equivocando, que confiaba en mí.
_Bien… vallan ustedes primero, debo
pasar a un lugar antes_
Tanto él como Jasper me miraron
esperando que les dijera donde debía pasar primero, pero cuando vieron que no
soltaría pista se levantaron de sus lugares y luego de pagar, salimos a la
calle. Ellos se montaron en el Porsche 911 de Jasper y yo en mi Aston.
El imán estaba aún tirando de mí y
me era imposible ignorarlo. Debía ver si mi suerte me acompañaba e insistir,
tal vez ella estaba allí, tal vez por esas casualidades de la vida me la
encontraba justo en ese lugar ensayando o algo… porque seguramente ella
ensayaba ¿no? De todas maneras, aunque no ensayara, quería verla… cielos,
quería encontrármela donde fuera, era capaz de dejar aparcado mi Aston y tomar
el metro, esperar en alguna parada de autobús y ser por ella un ciudadano
corriente para aumentar las posibilidades de encontrármela. En lugar de eso y
solo porque mi madre esperaba, recorrí lo más lento que pude debido al
tránsito, las calles céntricas de chicago, aunque frené en seco mi auto y lo
estacioné cuando vi una floristería.
Tenía que empezar de cero con ella
y tratar de enmendar mi error, convencerla de que en realidad yo no era de esos
tipos que pagaban por sexo a cualquier puta que se le cruzara por la calle, yo
era Edward Cullen y era fielmente comprometido, hasta que ella llegó.
La floristería contenía a la venta
un montón de variedades de flores, mierda… ¿qué se supone que comprara para una
mujer que apenas si había visto dos o tres veces como mucho y con la cual no
había hablado más que unas cuantas palabras? La dependienta se fijó en mi
disyuntiva y decidió ayudarme.
_¿Cómo es ella señor?, dígame
alguna característica que le llame más la atención de ella…_ murmuró la señora
de al menos unos sesenta años.
_Ella es… hermosa, exóticamente
hermosa… es…_ pasé mi mano por mis cabellos despeinándolos nervioso ¿qué era
ella? _sensual, preciosa… es la personificación de la mujer perfecta_
Valla que conociendo a Sabella mi
significado de Perfección había tomado nuevos parámetros.
_Regálele un arreglo de liliums
azules, ellas son flores exóticas difíciles de encontrar y representan la
Belleza, a demás puede mezclarlas con algunos jazmines, que representan la
sensualidad… ¿le parece?_
_Si… es ideal_ murmuré con una
sonrisa en mis labios. _¿tiene una tarjeta para escribirle un mensaje y
adjuntarlo al ramo?_
_Si, por supuesto_ ella me entregó
unas tarjetas blancas con marco dorado y su correspondiente sobre, saqué mi
lapicera de pluma _usted escriba su mensaje que yo le prepararé un lindo ramo_
luego de sonreír ella se fue al fondo de la tienda y yo me quedé pensando en
qué debía poner en la tarjeta.
¿"Lo siento"?, ¿"Me
equivoqué"?, ¿"Olvida lo que dije"?... mierda, qué difícil iba a
ser esto.
Finalmente luego de intentar varias
palabras y jugar con algunas frases trilladas, opté por ser sincero e ir al
punto.
"Comencemos de nuevo… mi
ofrenda de paz y lo que conozco de ti, belleza y sensualidad… ¿me permites
conocerte aún más?"
Edward Cullen.
Respiré tranquilo y metí la tarjeta
dentro del pequeño sobre. Luego de un par de minutos la mujer vino con un
hermoso ramo de esas flores de las que ella habló y realmente eran hermosas, a
demás el aroma a jazmín impregnó mis fosas nasales y fue como un golpe de
viento, que me recordó a ella. Pagué con mi tarjeta de crédito y salí de ese
local con fuerzas renovadas, quería verla y darle mi ofrenda a como diera
lugar, me monté en mi auto y dejando el ramo en el asiento de acompañante,
aceleré en la calle para llegar a "Enigma".
Milagrosamente o por esas cosas de
la suerte, el lugar estaba abierto, no al público, pero las puertas de entrada
estaban abiertas y un camión de proveedores estaba descargando cajas en el
lugar, un par de hombre entraban y salían y antes de que terminaran debía darme
prisa, sino cerrarían las puertas y mi chance pasaría de largo. Estacioné donde
pude y contra todas las leyes de tránsito y bajé con mi ramo de flores, sin que
nadie me detuviera entré al club que sin gente, sin música y sin ella, parecía
solo un oscuro y lúgubre lugar. Busqué con la mirada por todo el lugar y no
pude ubicar a Jacob Black ni a ninguno de los chicos que trabajan en la barra
de bebidas, pero sentía voces al fondo del local por lo que avancé unos cuantos
pasos hasta que una morena alta, de piel en un tono oliva y cabello largo y
negro azabache hasta la cintura, hablaba por celular con un marcado acento
latino en su voz. La había visto con Sabella esa noche e intuía que era amiga
de Sabella, ¿sería que Sabella también estaba aquí? Miré detrás de la morena
que aún no se había percatado de mi presencia y no vi nada, solo una puerta
abierta y un corredor vacío,
_Si Jacob, ya te dije… no me
confundas!... si, diez botellas de Chivas Regal, diez de gin, diez de tequila,
diez de piña colada… y cinco packs de Budweiser. Ahora están terminando de
bajar todo… ¿algo más?_ ella miraba una planilla en sus manos y con una pluma
escribió algo _ ok… cinco packs de agua tónica._
La mujer dijo algunas palabras en
español que por la forma en que las dijo parecía insultos y cortó.
_Estúpido hermano inútil… corté mi
clase de pilates para esto…_ mascullaba por lo bajo escribiendo en su planilla.
Carraspeé y di un paso hacia ella,
_Disculpa_ murmuré despacio, ella dio un saltito en su lugar alzando la cabeza
y me miró con los ojos bien abiertos mientras llevaba una mano abierta al
centro de su pecho.
_Santa mier… Papi!_ dijo ella
asustada.
¿hmm?
Me detuve en seco cuando vi su
sonrisa de oreja a oreja, tenía algo que me daba aversión, algo que me hizo
recordar a mi hermana Alice… tal vez su exorbitante entusiasmo o esa risa
chillona que comenzó a salir de su boca. Cielos…
_Digo… oh lo siento, Señor Cullen
¿verdad?_ murmuró luego de terminar de reírse.
_Si, el mismo… ¿con quién tengo el
agrado?_ fruncí el entrecejo tomando la mano que ella me ofrecía en forma de
saludo.
_Leydi… Leydi Sofia Black, hermana
de Jacob el dueño del lugar, soy más bien la administradora… mi hermano no
sirve para los números._ agitó su mano despreocupadamente. _oh que lindas
flores…_
_Son para… Sabella_ dije antes de
que ellas las tocara _por casualidad ¿se encontraría ella aquí?_
_No, debe estar en el restaurant…
digo, en su trabajo… humm ¿son para ella?_ dijo entre titubeos que traté de
registrar en mi mente ¿Restaurant? ¿Trabajaba en un restaurant?
_Si… pero si no está, ¿te puedo
pedir por lo que más quieras que se las entregues? ¿la veras hoy?_ por favor di
que sí…
_Si, nos vemos casi todas las
noches… es mi mejor amiga_
Bien…
Asentí satisfecho y le entregué
cuidadosamente el ramo de flores rogando que llegaran a manos de Sabella
perfectamente bien cómo se las había entregado a su amiga. No me quedaba otra
que confiar en ella.
_No te preocupes, apenas terminen
de descargar las cosas del camión salgo hacia su casa y se las entrego_
_Muchas gracias_ dije con suma
sinceridad. _Sinceramente no sabía cómo ubicarla, no tengo ningún indicio de
dónde vive, donde trabaja o si quiera un número de teléfono, nada… y quería
disculparme por mis acciones la noche del sábado, a falta de poder hablar con
ella me quedó esta opción_
Ella asintió alzando las cejas.
Podía ver sus dedos tamborileando sobre su planilla y sus labios fruncidos como
considerando algo. Ella suspiró luego de unos segundos y cuando estaba por
despedirme y salir del lugar, ella alzó su mano y movió su dedo índice
llamándome, caminé unos pasos acercándome a ella.
_Te lo diré una sola vez, si no
alcanzas a memorizar o a anotar no es mi incumbencia ¿entendido?..._ respiró
profundo y habló _555 67854_
Oh mierda
Saqué mi celular de mi bolsillo
rápidamente y reteniendo el número en mi cabeza los anoté y registré en mi
celular bajo el nombre de Sab. Alcé mi BlackBerry Bold 9790 mostrándole la
pantalla y asintió guiñándome un ojo.
_Muchas gracias… en serio_ dije
guardando mi celular con una sonrisa triunfal en mi rostro, toma esa Jacob
Black! Ya sabía a qué Black recurrir para que fuera mi aliada.
_Shu, shu… estoy trabajando, le
daré tus flores_ sonrió agitando sus manos como echándome. Sonreí y negué con
la cabeza saliendo del lugar.
En mi auto y ya estacionado frente
a la casa de mis padres, saqué mi celular del bolsillo y miré el número que
había guardado bajo su abreviación, la sonrisa no había podido salir de mis
labios. Tener su número de teléfono era como un hermoso y preciado trofeo.
Respiré profundo y desplegué bajo su nombre el menú, apreté "enviar
mensaje" y cuando el cuadro de texto apareció… escribí.
Espero que te gusten…
E.C
Salí de mi auto con esa sensación
en mi pecho, no me iba a rendir, no lo haría con ella. Estaba dispuesto a que
ella conociera a Edward Cullen persona, no al cabrón que casi le ofreció dinero
para una follada. Mierda… ella era más que eso y estaba dispuesto a remediar la
situación. Solo esperaba que ella me abriera esa pequeña puerta… solo una
rendija.
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Bien! Se encaminó el papi ¿no?...
Espero que ahora haga las cosas bien.
13 comentarios:
Pues mad le vale q Las haga bn pirq si no=-O !yo lo recibo ...... Hay ya kiero saber Como VA a reccionar.... Siguela y gracias
Este Edward esta muy caliente x Bella no hay duda de eso,ese pobre baño sufre con esos hombres jaja,
no es x nada pero Heidy no la soporto me cae muy mal y la familia va igual, yo nose q vio Edward en ella para q se vayan a casar,
ahora q hara Bella cuando se entere q Edward tiene su número y q le mando flores!!
Hola por aqjui.
Arggggg me encanta volver a leer la historia de nuevo por aqui aunque mis comentarios sean mas cortos debido a que no quiero dar spoliers a los que aun no la hayan leido por ff jajjajaj.
Pero si en respuesta a tu pregunta parece que el papi se encaminó a ver como sigue la cosa.
Un beso.
¡¡ME ENCANTAAA NENA, ESTO ES DE LO MEJOR. ME TENIAS SUFRIENDO ESPERANDO. YA QUIERO VER LA REACCION DE BELLA Y OJALA LE DE LA OPORTUNIDAD DE CONOCERSE IN SO FACTO. BENDICIONES, XOXO. MADAMEJSWEET¡¡
Me gusta si esta bien encaminado solo espero que Bella responda y que le encanten las flores para que se conozcan howwwww yo quiero uno como el siiiiii ja,ja, ja,ja besos
Ahhh me encanta esta historia, espero con ansias el próximo capítulo.
Saludos!!!
Hola hermosa como amo tus historias no me canso de leerlas y adoro a nuestro papi.....Besos
Genial, simplemente genial; me encanto el capi, otro plisssss, pronto
Aww... Edward que lindo, comprandole flores para enmendarse
Jaja, esa Leydi, como que si queriendo le dio el celular de Sabella a Edward, jeje
Que pensara Bella cuando vea ese mensaje? Que hara?!
excente el capitulo espero que nos hagas esperar mucho el encuentro de bella y edward.espero con ansia en proximo besitos
Mi Lu esta historia me tiene fasinada, no sabes lo mucho que me encanta!!! La familia de Heidy no me gusta, ellos como que no son felices! Por otro lado, me encanta todo lo que esta hacienda Edward para acercarse a ella y la hermana de Jacob es un amor, por ayudarlo tanto. Espero funcione todo lo que Edward esta haciendo!!!! Ansiosa por más, un abrazo, TQM!!!
acabo de empezar con esta historia.Tiene buena pinta.Por favor,no dejes de escrbir el resto de fics(ANTPV,DEEA,EENDP,...), a tu ritmo y sin presion ;)
Quién no se rendiria a un hombre como este? Yo no os lo aseguro
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